La trampa imagenológica

Eusebio Rivera Almodóvar

De rudimentarios fluoroscopios y máquinas de rayos X hemos devenido en tomógrafos computarizados, equipos de resonancia magnética y aparatos de ultrasonido 3D y 4D, dando origen a una reciente especialidad llamada “imagenología” con extraordinarias aplicaciones en la medicina. Pero así como cada rayo de luz deja sus sombras, esta disciplina trajo sus puntos negros y en nuestro país, lamentablemente, en la ciudadanía ha crecido la desconfianza en estos recursos diagnósticos. Si se registraran rigurosamente los errores de muchos estudios de imágenes, especialmente las sonografías, la cifra sería aterradora, sorprendiendo que las demandas sean mínimas en comparación con algunas barbaridades reportadas y aunque las razones son múltiples, aquí les detallo algunas:
Primero, los vendedores de equipos en ocasiones dan instrucciones elementales de manejo del equipo a personas sin preparación académica previa, que se atreven a formular diagnósticos peligrosamente errados; segundo, algunos imagenólogos ofrecen diagnósticos ambiguos para no exponerse a demandas y otros, con la excusa de que un método es más específico que otro, no concluyen en el significado de un hallazgo y finalizan con términos como “compatible”, “podría ser”. “semejante a”, “luce como” y escurren el bulto recomendando otro estudio con una técnica diferente y te encuentras con que el radiólogo te refiere al sonografista, este te envía a resonancia magnética y allí te rebotan al tomografista y, cuando todo acaba con un estudio en 3D o 4D, una biopsia dirigida “con imágenes” o la extracción de un tumor benigno, te devuelve la tranquilidad de espíritu que, junto al dinero utilizado, te llevó la ambigüedad con que algunos “imaginólogos se imaginaron” algo o reportaron “esto se parece, pero no es” hasta que otro(s) lo confirmaron.


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