La urgente necesidad de los intelectuales Hace pocas semanas compartimos reflexiones sobre los intelectuales y los movimientos sociales, donde muchos pensaron que con la emergencia de los grupos sociales se necesitará cada vez menos a los intelectuales comprometidos, lo que hemos refutado de lleno, pues la Historia demuestra que el peso y el compromiso del intelectual son fundamentales para el desarrollo de una nación.

Eduardo Galeano

Voltaire, con el asunto Calas, tomó el papel de intelectual comprometido publicando el “Traité sur la tolérance”, (Tratado sobre la tolerancia). Nos enseñó que un intelectual es un pensador que puede y debe intervenir sobre los debates de ideas públicamente y tomar partido, defendiendo valores y proponiendo soluciones a los problemas encontrados en la sociedad.
Para Pascal Ory et Jean-François Sirinelli, el intelectual es «un hombre de lo cultural, creador o mediador, llevado al campo político, consumidor de ideología». Pero, esta definición no habrá cambiado, nos podemos preguntar si los intelectuales contemporáneos son comparables a sus antepasados de hace unos 100 años.
Todo parece indicar que del papel de actor que tenía hace 150 años, el intelectual de hoy se ha sustituido al papel de comentarista de la actualidad…Vale la pena volver a pensar la función de un intelectual en nuestras sociedades globales.
Históricamente “l´intellectuel” (el intelectual) es tradición del intelectual comprometido con vivos y universales ejemplos en la sociedad francesa con el famoso « J’accuse »del escritor Emile Zola quien tomó posición en favor de Dreyfuss, enfrentando a la vez el campo antisemita de toda una nación.
Un intelectual se comprometía sin temer perder su éxito. Albert Camus, por ejemplo, tomó postura en la problemática argelina frente al poder francés, optando por una postura de negociación que no fuera precisamente una independencia ensangrentada por una guerra civil, lo que le valió críticas de todos los bandos, tanto franceses como argelinos, pero, él, creía en una negociación hacia un estatus más bien autonomista y tuvo el coraje de decirlo.
Otros fueron más lejos como Jean Jaurès, siendo de formación filosófica, se tira al ruedo de la política como diputado, hasta lograr imponer una ley por la separación de la Iglesia y del Estado, lo que incendió el campo de la ultra derecha, pero también de la izquierda. Su pacifismo frente a la primera guerra mundial, le valió ser asesinado por un desequilibrado, después de haber recibido todos los insultos de la prensa conservadora.
Estamos muy lejos hoy de estos ejemplos de fuerza de la inteligencia y del análisis de los intelectuales del siglo pasado y del siglo XIX. Muchos sociólogos consideran que el intelectual contemporáneo es un simple comentarista de la actualidad, obviamente sin comprometerse, parecería que hasta con miedos. Hacemos algún matiz, frente a esta constatación. Por ejemplo, en filósofo Michel Onfray quien promueve la educación para lograr alcanzar el civismo y la tolerancia, creando en el 2000 la Universidad Popular de Caen, en Francia, para democratizar la cultura y ofreciendo enseñanzas gratis a través de la Historia y de la Filosofía. Con esta iniciativa el filósofo pretende ofrecerle a todos y todas, las herramientas para la comprensión de la Historia, y así entender y analizar los riesgos de los extremos nacionalistas y ultraderechistas que amenazan la ciudadanía francesa, pero también, este es un riesgo mundial. Desde este proyecto se trata de empoderar a cada ciudadano y ciudadana del deber de pensar instrumentado y apoyándose en el conocimiento histórico y filosófico.
Con este proyecto de Michel Onfray, se abre la perspectiva de la concientización masificada de las problemáticas humanas que permiten tomar en cuenta la capacidad intelectual de cada ciudadano en un mundo donde se empobrece la acción individual de las grandes figuras del pensamiento actual…En este ejemplo vemos una esperanza hacia la existencia de grupos que se empoderan de acciones colectivas portadoras de propuestas críticas, asumiendo el abandono de este espacio por los intelectuales.
Hasta en Estados Unidos de América el movimiento “Occupy Wall Street” hizo que el pasado presidente Barack Obama revisara su ley sobre los impuestos. En Europa, los indignados tomaron las calles para defender sus ideas, haciendo uso de sus recursos, deberes y derechos como ciudadanos.
Entendemos que muchos grupos sociales, van llevando voces ciudadanas que en otros tiempos la llevaban los escritores, los filósofos, los intelectuales académicos y científicos. Y, justamente esos grupos sociales vienen desarrollándose, pero con poco apoyo por parte de los intelectuales, y cuando salen al ruedo lo hacen de manera muy conservadora.
Sin embargo, consideramos que urge reencontrar el rol y la función del intelectual frente a los Desafíos del siglo XXI. Necesitamos esas voces pensantes, que así como se comprometieron por la paz mundial, como Marcuse, Levy Strauss, Cassou, Kundera, y tantos más, se comprometan hoy por la lucha contra el terrorismo, el desamparo de los emigrantes, sean de dónde sean, y estén donde estén.
El intelectual sigue siendo necesario, nadie podrá remplazar voces como las de Julio Cortázar en defensa de la democracia, la de Galeano, la de Sabater, porque el intelectual tiene una mística excepcional que le da el don de decir las cosas con todo el duende que decora su nombre y su obra.
Cuando Jean Marie Le Clézio pide soluciones urgentes frente al hambre en el mundo, su llamado suena, porque ayuda individualmente a tomar decisiones frente a crisis colectivas eindividuales. Recordemos que en latín la palabra “crisis”, significa, escoger…optar por…El intelectual es ese nombre que ayuda a decidir en momentos clave y difíciles, el que acompaña las decisiones en momentos turbios. ¿Qué hubiese sido Nureyef, sin la defensa de Simone de Beauvoir y de Jean Paul Sartre, entre otras voces dotadas. Todas las voces intelectuales en los años 70-80 lucharon por el fin del “apartheid” y la segregación en África del Sur, como lo hicieron antes por los derechos cívicos en Estados Unidos.
Necesitamos la vehemencia de escritos y escritores inteligentes, tribunos apasionados, hombres y mujeres de inteligencia y pensamiento para re encontrar un humanismo donde se posicione el siglo XXI. Es urgente encontrar voces y palabras como las de Neruda, Fuentes, Zambrano, Asturias, así como tantos y tantas que a través de su compromiso salvaron mundos. Son necesarios y necesarias para defender la República desde la perspectiva socratiana y platoniana, lo que significa comprometerse hasta reencontrar un humanismo que se imponga al miedo, al terrorismo, a la violencia, que apunta abriendo el primer tercio del actual siglo.
En el país, necesitamos que los intelectuales se pronuncien, colaboren con la sociedad civil y se movilicen por la paz, la educación y la defensa de los valores humanos y ambientales, por la honestidad, y sobre todo, que aporten ideas y reflexiones que eduquen la ciudadanía, a los más pobres o los sin conciencia, pues como bien lo decía Albert Einstein, «el mundo no se destruirá por los que hacen el mal, pero sí por los que lo miran sin hacer nada».