La ventaja del Presidente Medina

Cesar Perez (Profesor Universitario)

Se repite casi como un mantra que, en otros países de la región en el caso de los sobornos de Odebrecht, la justicia ha tenido un comportamiento que difiere de la bajeza e indignidad con que la justicia dominicana ha enfrentado esos y otros casos de corrupción. Se dice, con razón, que en ese comportamiento del aparato judicial el presidente Medina tiene una ventaja comparativa sobre presidentes, funcionarios y empresarios de otros países que sí han tenido que dar cuentas a los órganos del poder judicial sobre sus vínculos con Odebrecht. Sin embargo, esa ventaja de Medina más que en la venalidad de la justicia, descansa en los bajos niveles de eficiencia, eficacia y la falta de generosidad de sus opositores.
Los niveles de institucionalidad democrática de un sistema político dependen en última instancia, de la capacidad o no que tengan las fuerzas de vocación democrática para incidir en las instituciones donde se toman las principales decisiones políticas de un país. Esa incidencia no necesariamente se hace con los representantes que puedan tener esas fuerzas en esas instancias decisorias, sino con la capacidad de eficiencia y eficacia que estas tengan en sus acciones políticas. La capacidad de un sistema para sortear las amenazas que sobre este se ciernen o podrían cernirse depende de sus propias fuerzas, como de la debilidad que podrían tener sus oponentes.
Siempre he dicho, sin minimizar su capacidad de hacer daño, que el mayor problema de este país no descansa en la perversidad del grupo actualmente en el poder, sino en la ineficacia e incompetencia de las fuerzas, organizadas o no, que les adversan; en última instancia es esa ineficacia/incompetencia lo que ha determinado el dilatado tiempo en el poder de ese grupo y su sostenida actitud de arrogancia, prepotencia y desparpajo, como la que ha mantenido en el caso de los referidos sobornos. El show montado con el apresamiento selectivo de algunos funcionarios y dirigentes políticos ha llegado a su máxima expresión de sordidez con el cambio de condena a los dos únicos apresados que aún guardaban prisión.
Algunos dicen que no tenían otra alternativa que liberar a esos dos turpenes, uno de ellos, Díaz Rúa, tesorero del PLD, porque el apresamiento de ambos fue pactado y que dado la peligrosidad de las informaciones que ambos poseen sobre todos los implicados en los sobornos, máxime del presidente Medina, su apresamiento no podía superar los tiempos del pacto. Es cierto, existe un pacto entre el gobierno, los implicados en los sobornos y la Odebrecht, que opera como un chantaje triangular. Pero, ese chantaje se mantiene en última instancia porque las fuerzas que objetivamente enfrentan a este gobierno no evidencian ninguna fuerza para romperlo.
Para romper ese pacto triangular no bastan las consignas hueras, como “marchar junto al pueblo sano y llano” y otras sandeces de algunos teoriquillos antipartidos que quieren hacer política en burbujas o in vitro. Se rompe definiendo qué, en términos políticos realmente queremos y estableciendo un relacionamiento político maduro entre diferentes. Es lo que clama este pueblo. En la persistencia del sectarismo y la estupidez política es donde realmente radica la ventaja del presidente Medina.


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