La vergüenza ajena, negocio altamente rentable

Rafael Acevedo

Me senté frente al televisor, lo que no hago con frecuencia, y me encontré en Youtube con doña Mónica Lewinski. Con insano interés, prejuiciado, me dispuse a escuchar lo que esta mujer iba a decirnos acerca de su escandalosa relación con el señor Clinton. Me parecía, en todo caso, un atrevimiento suyo el dilucidarla públicamente. La mujer empezó su perorata con notoria vacilación, como era esperable, manejando su nerviosidad con suma aprensión, pero expresándose con claridad y precisión. Dijo más o menos lo siguiente: He cometido una falta que muchos de los presentes han cometido: enamorarse de su jefe. Con una diferencia importante, que mi jefe era el presidente de los Estados Unidos. Lo cual convertía mi falta en un asunto político. Pero, además, estábamos al inicio de una nueva era de la comunicación masiva, y mi pecado recorrió todos los correos y lugares de las redes del internet. Y lo que en otros tiempos era un asunto de chismes y represalias entre familiares y conocidos que pasarían en pocas semanas, recorrió en horas el mundo entero y, peor aún, se ha quedado por años mostrando y estrujándome mi error y vergüenza día y noche, permanentemente en las redes.
A estas alturas de su discurso, ya no tenía la animadversión con que comencé a escucharla, pues entendí que ya había sido castigada, tal vez en exceso. Además, su propósito no era disculparse.
Continuó explicando que tuvo que ir a terapia, lo mucho que había sufrido su familia, y su madre temía que intentara suicidarse. Relató también el caso reciente de un joven que fue filmado y puesto en las redes por un amiguito, en una relación homosexual, mientras ingerían sustancias alienantes. Y que luego, el joven, que no era propiamente homosexual, no pudo soportar verse “colgado” en las redes, y no valiéndole terapia alguna terminó lanzándose de un puente. A estas alturas ya sentía conmiseración por la Lewinski y por el pobre muchacho. Pero su exposición continuó con algo mucho más importante. Explicó que esas publicaciones que denuncian personas que han cometido faltas contra la sociedad o contra la moral, no tienen como motivo el cuidado de la moral social, ni están defendiendo valores y buenas costumbres; sino que se trata de un burdo y cruel negocio, en tanto que cada vez que un usuario de las redes, como usted, como yo, accedemos a esos puestos, alguien está cobrando por ese “servicio público”, gentes que se enriquecen dando esos chismes a la publicidad, o mejor dicho, con palabras de Lewinski, hacen dinero con la vergüenza y el mal ajenos. Nada nuevo en el mundo, mucho menos en nuestro país, en donde sicariatos montados en radioemisoras durante años, han enriquecido a “comunicadores”, que fabrican mentiras, y media verdades en perjuicio de gentes honradas, con cargo al Presupuesto; defendiendo políticas y políticos engañosos, perjudiciales para nuestra nación.. Ya Europa empezó con legislaciones que sancionan esas infamias. Aquí, esos comerciantes de la mentira y del mal ajeno están en la lista verde contra la impunidad.


COMENTARIOS