La visita del Papa a Colombia

Las noticias de los desastres naturales en la región eclipsaron la visita del Papa Francisco a Colombia. El efecto en la región de la visión norteamericana del mundo hace que el foco estuviera desde hace ocho días en el paso de Irma por el Caribe, en su dirección hacia la Florida. No sé si por suerte o por desgracia.
La visita del Papa tiene objetivos muy locales para Colombia, mensajes que apuntalan un proceso difícil y lleno de obstáculos, el proceso de paz con las guerrillas colombianas.
Miles y miles de personas recibieron al Papa, unidos en la fe, pero desunidos en el cómo esa fe toma forma concreta ante los retos sociales, políticos, morales y económicos del siglo XXI en Colombia. Se estima en casi un millón el número de personas que fueron a recibirlo, en ese número estaban juntos los que en su momento votaron por el sí a la firma de la paz, y también estaban los que, por las razones que fueran, votaron por el no.
El proceso de paz en Colombia no es un proceso sencillo, y tampoco es tan local. ¿Qué pasará con las relaciones económicas que establecieron las guerrillas y el narcotráfico? ¿Desaparecen, cambian, se revelan, se hacen más controlables o menos? ¿Qué pasará con las rutas centroamericanas, caribeñas y mexicanas? ¿El presupuesto que financiaba al ejército colombiano mantendrá sus niveles y cambiará sus objetivos o disminuirá? ¿Qué pasará con la geopolítica en las relaciones Cuba-FARC-Venezuela? ¿Estará el gobierno de Maduro tentado a socavar el proceso de paz para quitar el foco sobre su propia crisis? ¿Qué pasaría en Venezuela si se suma incertidumbre con el proceso de paz colombiano?
Este viaje del Papa es más que oportuno, planificado. Se pensó bien. El Papa Francisco, no muy dado a los viajes, pensó muy bien éste. Aparte de los objetivos que buscan promover la influencia religiosa del Vaticano están los objetivos políticos, en el mejor sentido. En esta visita pontificia la razón está más que clara. El Vaticano entiende que el proceso de paz no puede quedarse en la firma, hay que acompañarlo.
Ante la caída de la influencia del ALBA por el debilitamiento del gobierno venezolano y la caída de Dilma en Brasil, además de la falta de objetivos y comprensión del gobierno norteamericano para América Latina, es notorio que vivimos en América Latina una falta de liderazgo. Los espacios que una vez llenó EE. UU., el contrapeso de Fidel Castro y posteriormente de Chávez, al avance de Brasil o los atisbos mexicanos de antaño, todos parecen haberse desvanecido. El apuntalamiento, tanto localmente como internacionalmente para consolidar la complejidad del proceso es necesario; más, es imprescindible. Hay mucho en juego en Colombia y hay mucho en juego en la región.
Sin una maduración de los acuerdos de paz, la violencia no sólo volverá si no que se hará más amorfa, más difícil de manejar y podrían diseminarse efectos de inestabilidad por toda la región caribeña. La paz no es un papel, es un proceso. Hay que saludar y secundar el esfuerzo vaticano por apoyar la paz en Colombia.


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