Las criadas de Genet marginación, amor y odio

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En el año 1996 fue presentada por primera vez en el país, la obra “Las Criadas” del autor francés Jean Genet, bajo la dirección del español Ramón Pareja, y las actuaciones estelares de María Castillo y Carlota Carretero.
Veinte años después nos reencontramos con “Las Criadas” en el Teatro Guloya, llevada a escena por el director Ramón Santana, quien regresa a su país, tras largos años de ausencia. Este trabajo, el primero que vemos bajo su dirección, muestra su concepción de una escena polivalente, con sustancia propia, condicionando sus relaciones con la esencia misma del texto, como señalaba Grotowsky “lo importante no son las palabras, sino lo que hacemos con ellas, lo que anima las palabras inanimadas del texto”.
El autor de “Las Criadas”, Jean Genet, -1910-1986- pasa parte de su infancia y juventud en correccionales y cárceles, donde se inicia como escritor. Su teatro anti-naturalista, reflejo de su propia experiencia, en los bajos mundos de la sociedad parisina, es teatro de provocación y subversión de valores, que enlaza con el teatro de la crueldad, por su exaltación frenética del mal, donde el espectador experimentará un “tratamiento emotivo de choque”.
En la obra aparecen tres personajes: dos criadas, hermanas: Clara y Solange, personajes clásicos de Genet por su marginalidad, y en contraposición la “señora”; asoma un cuarto personaje al que solo se alude. Las criadas se debaten entre el ser y el querer ser, creando el querer ser, una apariencia de realidad; quieren ser la señora, que ejerce sobre ellas fascinación, lo que las lleva a asumir su personalidad, pero a la vez el odio las lleva a planificar su muerte. La señora por su parte, no obstante su desprecio, no puede prescindir de las criadas, pues dejaría de ser la Señora.
La dicotomía de sentimientos convierte la vida de las criadas en un ritual cotidiano de simulación; hay demasiada ambigüedad en sus emociones y la señora se convierte en realidad aparente, inalcanzable. ¿Vislumbra Genet el fracaso de la ideología y presume a los poderosos siempre dominando a los de abajo? El drama es más trascendente, más profundo y existencial, no se limita a víctima y victimarios.
La degradación de las criadas las lleva a odiarse a sí mismas y entre ellas; la frustración exacerba los sentimientos alcanzando el drama connotación de tragedia.
El director Ramón Santana, en un alarde de creatividad, dentro del reducido espacio escenográfico que representa la habitación de la señora, donde cada elemento es un referente, emplea materiales ligeros y movibles, como largas piezas de tela colgantes que se convierten en instrumentos, “prolongación del actor”.

Como fue concebida la obra por Genet, para ser representada por hombres, tres actores asumen el reto; dos noveles, Isen Ravelo y Jason Calcaño, se convierten en las criadas, Clara y Solange, respectivamente, y el veterano Orestes Amador en la Señora.
La actuación de los jóvenes actores, es impresionante, representan dos mujeres, pero con verosimilitud, sin las estereotipias propias del trasvestismo, construyendo un eslabón intermedio entre la teatralidad de la ilusión teatral y la realidad de la cosa imitada por el teatro.

Isen Ravelo, en su personificación de Clara, luce altiva, aparentemente segura, como seguro está de su actuación pletórica de matices. Jason Calcaño, es Solange”, la otra cara, sumisa en apariencia, su actuación se decanta en momentos de gran intensidad dramática. Todo en ellas es pura apariencia. La versatilidad de ambos se manifiesta además, en las acrobacias realizadas con las telas suspendidas que convierten en plurales significantes, aportando además la destreza de sus movimientos un verdadero placer estético.
La Señora, tras un largo sueño, durante el cual han sucedido muchas cosas, domina la escena con su personalidad arrogante; Orestes Amador un actor de recursos ilimitados, construye a cabalidad la idiosincrasia del personaje y crea junto a las criadas, una lógica actoral cuya acción progresa por resolución de las contradicciones.


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