Las mujeres y la corrupción

Eusebio Rivera Almodóvar

Existe una correlación entre la discriminación contra las mujeres y la corrupción. Las mujeres que defienden sus derechos han dejado que un pensamiento enajenante les domine por décadas y es la idea de que sus atributos para la reproducción de la especie son una debilidad, cuando, en realidad, son un símbolo natural de supremacía, ya que no habría dinero en el mundo para pagarle a un hombre para dejarse embarazar, pasar tres meses con “malestares”, completar nueve meses con su vientre hinchado, tener un parto -¿vaginal?- pujando a un bebé con una cabeza naturalmente resistente y que inmediatamente después de nacer se lo colocarán en los senos para succionarle el alimento necesario para sobrevivir en sus primeros meses de existencia, representando un encargo de la naturaleza durante sus siguientes 18 a 21 años de vida. Por lo anterior es que se ha planteado que si los hombres pariéramos la humanidad hubiese desaparecido.
La correlación se establece porque la discriminación contra las mujeres se continúa expresando en la desigual asignación y/o distribución de los cargos públicos, donde menos del 10% de los funcionarios gubernamentales son mujeres aunque ellas siempre han aventajado a los hombres en la pulcritud y honestidad con que manejan el dinero de todos y son menos proclives a caer en actos de corrupción. Con ellas compartiendo o manejando el Estado se controlarían más eficientemente los feminicidios y quedaría evidenciado que las mujeres pueden competir en habilidades con los hombres, aunque nunca fueron, son, ni serán, iguales, porque lo que realmente ocurre es que se complementan, al estilo de la hermosa canción de Roberto Carlos “Cóncavo y convexo”.