Las novenas de la Virgen de Regla

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Para la década de 1950 el fervor religioso en Baní había ido en aumento con la llegada en 1947 de los padres Scarboro. Ellos de inmediato se atrajeron a la juventud que gravitaba en torno al parque Marco A. Cabral. Los padres Scarboro con el padre Lorenzo Hart como párroco iniciaron una amplia labor de concienciación, proselitismo y de actividades para la juventud sin descuidar la parte religiosa.
Al inicio de la década de 1950, durante las fiestas patronales de la Virgen de Regla, la nave de la iglesia era ocupada en su mayoría por personas mayores y por una feligresía rural muy devota. Al poco tiempo, el arduo trabajo de los padres Scarboro se hizo sentir con un paulatino aumento de la presencia de jóvenes en las ceremonias religiosas y en otras actividades.
Los cultos se veían asistidos por los sacerdotes jóvenes de la orden de Scarboro que llegaban de Canadá recién ordenados y venían a Baní a recibir su entrenamiento práctico y aprender el español. Entre esos jóvenes sacerdotes que llegaban de su país natal venían algunos que eran excelentes jugadores de béisbol y otros que fueron parte importante del desarrollo de algunas regiones dominicanas.
En torno a 1953 llegó a Baní el padre Luis Quinn de grata recordación para Ocoa y para el país. Más luego llegó el padre Juan Roberto Smith, que participó activamente durante los acontecimientos cívicos a raíz de la muerte de Trujillo y luego en los agitados hechos patrióticos de abril de 1965 y en la región de Yamasá, donde fue asesinado el sacerdote Arturo Mackinnon el 21 de junio de 1965.
La devoción de los banilejos por su patrona Nuestra Señora de Regla se acrecentó en la década del 50 del siglo pasado. La labor de estímulo religioso de los padres Scarboro fue formidable contando con la cooperación de distinguidas señoras muy devotas. Ellas estaban dedicadas a resolver las necesidades de la iglesia y a sus servidores canadienses.
Durante varias décadas era ya una tradición que la banda de música del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Ciudad Trujillo participara en las festividades del día 21 de noviembre. Durante varios años la banda llegaba en horas de la madrugada del día de las festividades. Mientras tanto la excelente banda municipal de Baní también recorría las calles en las alboradas con su eterno vals la Vecinita Gentil y con la Nube Gris, ambos de grata recordación de las generaciones de banilejos.
La presencia de la banda de los bomberos capitaleños el día de la Virgen era por una promesa que su director el profesor Luis Parahoy le había prometido a la Virgen de Regla en los años 30 del siglo pasado. Él contaba con el beneplácito de sus jefes José Oliva y Ramón Saviñón Lluberes. Ya en los años 50 los bomberos con su alegre música llegaban el día antes en horas de la tarde. Luego realizaban un concierto en el parque central y acompañaba a la virgen en la procesión por las calles de Baní que se llevaba a cabo el día 21. También participaba la banda municipal.
El primer día de las novenas, que se iniciaban a las siete de la noche con el alegre repiquetear de las campanas, una fervorosa muchedumbre asistía en aquella década del 50 a escuchar el santo rosario, las letanías, un largo sermón muy enjundioso y motivador y se terminaba con los gozos a la Virgen. En el exterior del templo una compacta muchedumbre aguardaba el final de la ceremonia para en seguida escuchar la alegre música que era interpretada por integrantes de la banda municipal.
El día 19 de noviembre ya habían concluido las novenas y el día 20 se reservaba para la tradicional subida de la virgen. Esta había sido previamente removida de su nicho en el tope superior del altar mayor para engalanarla con su costosa vestimenta con ribetes de oro y plata. Entonces a las once de la mañana del día 20 con la presencia de los sacerdotes, autoridades, feligreses y la banda municipal se procedía a la subida y su entronización en su nicho y dejarla ahí hasta el día siguiente. Después de la misa solemne y con el espacio que se le dejaba a los fieles para venerar o solicitarle favores especiales a su patrona, la imagen de la virgen se removía de nuevo de su nicho para prepararla para la procesión de la tarde.
En la década del 50 tanto los días previos al 21 como este mismo día eran de una alegría contagiosa que exhibían todos los habitantes de la pequeña ciudad que era Baní en ese entonces. Las fiestas se sucedían en todos los rincones desde el salón principal del Casino de Peravia, el bar Hollywood hasta en los barrios del pueblo que se contagiaba con esa devoción sazonada con la alegría contagiante de la música vernácula.


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