Las nuevas religiones ateas

Rafael Acevedo

Destacados filósofos e intelectuales de siglos pasados se distanciaron irreconciliablemente con las creencias cristianas. Más exactamente, con las iglesias, y más concretamente, con la iglesia romana, con la cual, los conflictos por el control y monopolio del poder y de la verdad y la ciencia, fue asunto de vida y muerte.
Llegó, así, el momento en que ciencia y mundo intelectual se laicizaron, se secularizaron. Al extremo de que aún hombres y mujeres creyentes decidieron no mezclar los dos temas; también en el mundo político el tema religioso se puso de lado o se sacó de plano.
Los pensadores modernizantes, de profunda vocación democrática, decidieron que la religión fuera eliminada de sus debates porque entenebrecían el discurrir de las ideas. Hubo desarrollos, como el caso de Emerson, de iglesias laicas, fundadas en valores, sin conexión con religión alguna, donde “el cielo” era la libertad de pensamiento y el libre albedrío.
Hubo, desde el lado socialista, la propuesta del marxismo, el cual funcionó para las grandes masas y no pocos intelectuales como una especie de religión, esto es, con sus dogmas y premisas incuestionables, en donde el cielo era sustituido por “la sociedad sin clases”.
También tuvieron su aliento espiritual desde el ahora cercano mundo oriental, con la versión Nueva Era del budismo zen. Según el cual, todos somos dioses o todos somos parte de dios.
Pero la incredulidad y la rebeldía tuvieron otras criaturas exitosas. El ateísmo se ha vuelto más radical, casi como los antiguos militantes de ciertas sectas, disfrazándose a menudo de agnósticos, es decir, que niegan, no a Dios específicamente, sino que toda posibilidad del hombre de conocer la verdad. Pero, obviamente, sin ponerle límites a la propia incapacidad de la ciencia de captar la realidad objetiva; olvidando que “objeto” significa “o-puesto”, separado, distante; o sea, que el sujeto no puede meterlo dentro de sí a través de sus herramientas conceptuales racionalistas (con limitaciones insalvables).
Actualmente, el ateísmo luce algo desesperado, puesto que su soledad y aislamiento crece con la incapacidad intelectual y el desinterés de las masas globalizadas respeto a sus argumentos. Pero sobre todo porque el ateísmo no tiene propuesta ni salida para la humanidad. Como tampoco la podía tener el materialismo socialista. Es patética la declaración de un ex funcionario comunista en el exilio: “Lo único que le conviene al hombre es hacerse rico y gozar de todos los placeres de la vida”.
Llegaron, pues, ante la pared lisa, fría, infinita con que se encuentra el hombre luego de atravesar el espacio sideral y descender en un planeta perdido en la inmensidad: tan desnudo e inválido e ignorante como un recién nacido. Porque la tradición intelectual ha dejado fuera, por incapacidad para manejarlo, todo lo que se refiere a la presciencia, la intuición y la fenomenología del espíritu propiamente tal. Porque a Dios solo le se encuentra por la ruta del amor y del espíritu, precisamente el código que él estableció. Increíblemente, están de moda teologías ateas; ciencias (dicen) de lo que no existe. ¡Vaya usted a saber!