Las redes sociales

Bonaparte Gautreaux Piñeyro
Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Las redes sociales se han convertido en el vehículo más ágil, más expedito para informar sobre cualquier asunto o descubrimiento sin que importe su naturaleza. Basta con entrar en ellas para iniciar el viaje en un mundo nuevo: el mundo de la comunicación instantánea. Solo el pensamiento es más rápido que la posibilidad de contacto entre una y otra persona, entre una de persona y grupos de familiares, amigos, asociados.
Como creación humana no es perfecta, el perfectible es el hombre, objeto y sujeto de la creación, por ello, un instrumento tan eficaz, tan importante, es distorsionado permanentemente y se usa para bajezas, chismes, intrigas, echar a circular mentiras y supuestas informaciones que no resisten un examen moral.
En la redacción de El Nacional había un gran cuadro con una frase que, citada de memoria, decía: “Nunca imprimir lo que usted no pueda sostener como caballero”. Es decir, hablar, publicar, informar con la estricta verdad. Pese a que es imposible la publicación de una información, para ser honesta, tiene que ser realizada luego de un análisis que los periodistas sabemos hacer, sobre la autenticidad de lo que se tenga a mano al momento de decidir la publicación.
En ocasiones incursiono en un portal donde jóvenes adultos barahoneros intercambian informaciones, comentarios, respondo preguntas que no me han hecho, pero, desde la altura de mi edad, uno hasta piensa que puede conocer al cojo sentado y al ciego dormido.
Resulta extraordinariamente simpático ver cómo ha cambiado el habla de los dominicanos. Preguntas que en ocasiones me parecen inocentes, me dan una pista de por donde andamos, cuando se indaga sobre palabras, frases que hoy están en desudo, como hemos avanzado hacia el habla castellana, el respeto a sus reglas.
Ese portal de jóvenes barahoneros ensena más que cualquier lección de algún sabio lingüista perdido, en ocasiones, entre los rigores del habla culta y la negación de la criatura viva que es el lenguaje humano.
Especialmente disfruto la lectura y, por supuesto, la participación cuando veo que los interactuantes son hijos o nietos de amigos que se adelantaron en el tránsito hacia la otra vida,
Ese ejercicio de recuperar la memoria, de no permitir que el olvido cubra con su manto de hielo la vida que ya hemos disfrutado, es un excelente modo no de revivir, no solo de recordar, sino de vivir.
Por supuesto, cuando los adultos jóvenes barahoneros hablan de tales o cuales situaciones, del uso de tales o cuales palabras, hablan de una Barahona diferente a la mía. Hablan de la Barahona luego de que yo había emigrado hacia Santo Domingo, sin embargo, comparto con ellos la hermosa intención de rescatar el pasado para impedir, que se pierda, que se muera.