Las Reinas del Caribe y la Marcha Verde

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La soberbia actuación de las bien afamadas Reinas del Caribe, las nuestras, en el recién finalizado torneo XVI Copa Panamericana de Voleibol celebrado en Perú que llegaron a cristalizar la proeza de alcanzar 18 triunfos y una sola derrota en las tres últimas copas panamericanas, manteniéndose invictas en sus 17 últimas presentaciones, antes de ser superadas por el potente trabuco del poderoso Estados Unidos de Norteamérica, obteniendo el pase final para participar en el próximo Campeonato Mundial Grand Prix del 2018, debe llenarnos de legítimo orgullo y satisfacción. Medalla de plata que vale oro.
Esta formidable hazaña, este portentoso hecho, permite proclamar a pleno pulmón que “cuando se quiere, se puede”, siempre que se trabaje con fe y determinación, con mente abierta, un solo propósito y una gran empresa. Aun en este pequeño, insólito y menospreciado país, salpicado de lodo por todas partes, es posible. La trinchera del honor, dolida de vergüenza ajena, levanta bandera por la justicia, el fin de los abusos, la corrupción y la impunidad, por el cambio deseado, logrando que una muchedumbre entusiasta, salida de todas partes, espontáneamente se sume, sin distingo ni prejuicios, monolíticamente, a la Marcha Verde, motivada por el escándalo que despierta el expediente ODEBRECH, conocido y condenado por el Coloso del Norte que no tolera ni habrá de tolerar que una empresa extranjera extienda sus tentáculos al extremo de atentar contra sus sagrados intereses nacionales sin sufrir graves consecuencias; como ha venido sucediendo abiertamente en diversos países de la región gobernados por políticos, funcionarios y empresarios inescrupulosos cómplices de sus sobornos y fechorías.
Quisiera ODEBRECH dar marcha atrás. Con evasivas lo intenta. Salvar su honra, si algo de eso queda. Cual inquieto Anacobero responde al interrogador: “Yo no sé nada, yo llegué ahora mismo, si algo pasó yo no estaba allí.” Pero ya es tarde. La ola de protesta, de indignación es incontenible.
Y mientras Odebrecht, los Tucanos, Los Tres Brazos, el CEA esperan, la vida sigue su agitado curso. Un curioso editorial de un periódico respetable, nos llama la atención: pone la viga en el ojo ajeno, preocupado por “autoridad devaluada. “¿Cuál de todas ellas? Pues la de los agentes de orden público (AMET Y Policía Nacional) supuestamente desafiados y agredidos que “obliga a una profunda reflexión” ya que no se trata solo de personas de influencias de estamentos políticos, militares o policiales” sino de hijos de machepa con derecho a ser vejados y atropellados siendo el último hecho noticioso el del raso que telefonea a su superior para saber si un par de ciudadanos con camisa verde, pueden subir al Metro de Diandino.
Es ese elatropello, el menos escandaloso de los muchos cometidos permanentemente por los dichosos “agentes del orden público”, y los procedentes de aquellos otros estamentos lo que realmente debe preocupar sin tener que “profundizar en los factores que le dan origen” a su auto devaluada autoridad, su desprestigio e irrespeto.


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