Las sociedades en crisis deben volver a sus orígenes

Tras la muerte del dictador Trujillo se originó un movimiento conocido como “las turbas”, que eran grupos de ciudadanos que salieron a manifestar la libertad que implicaba no estar sujetos a la persecución y a los dictámenes del régimen opresor. Esas turbas derribaron todo lo que olía a los Trujillo, incluyendo las propiedades de sus allegados y colaboradores.
Recuerdo que la casa donde vivíamos colindaba con una gran finca de ganado, que dividía nuestra vivienda por una cañada donde había jicoteas, anguilas, peces y donde solíamos pescar en algunas ocasiones.
Era un lugar muy tranquilo donde me extasiaba contemplando el vuelo de las garzas, su diario trajinar detrás de las reses para pescar garrapatas y luego emigrar y, como si hubiera un intercambio, llegaban otras desde algún punto para posarse en los arboles que al atardecer parecían “matas de garzas”.
Un buen día, sin ir a la escuela porque todo estaba paralizado, una turba cruzó la cañada, derribó las alambradas de la finca y se llevaron todas las reses y animales que había en ella, algunas fueron descuartizadas delante de todos los que vivíamos en la cercanía. Días después, las turbas volvieron y comenzaron a cercar todo el terreno de la gran finca, rápidamente se levantaron casuchas y convirtieron en solares los terrenos.
Mi padre, con solo cruzar pudo haber ocupado la mejor parte, pero fue concluyente al decir:”Eso es robar, yo no robo ni permito que nadie de mi familia lo haga”. Años pasaron y el lugar se convirtió en la primera urbanización que se levantó en San Francisco de Macorís en terrenos ocupados por las turbas.
Nadie se atrevió a quitárselo a quienes levantaron sus casas, mientras nosotros seguíamos pagando un alquiler y mucha gente le decía a mi papá “usted fue muy pendejo, debió tener por lo menos tres o cuatro solares”. Mi padre muy callado y tranquilo decía “no quiero tener nada robado”.
Relato esto porque hace unas cuantas semanas se volcó en una avenida de la capital un camión lleno de cervezas, y la gente en vez de ir en ayuda, actuó como si fuera una piñata, se repartieron las cervezas ante los ojos de todos y nadie dijo nada, es como si eso fuera lo correcto.
Cuando ocurren accidentes en las carreteras pasa igual, antes que dar auxilio, las víctimas son saqueadas, le llevan los zapatos, las gomas de los vehículos y en muchos casos los accidentes son deliberadamente provocados para propiciar el saqueo.
Esto pasa sin que haya consecuencias. Ahora vimos que una turba de haitianos, más de cien, secuestró a un grupo de médicos y entre ellos había uno prominente; ese fue el motivo de que todos los medios se hicieran eco de lo que pasó, pero en la frontera y en las principales salidas de la capital ocurre casi todos los días.
En San Cristóbal se lo hicieron a uno de mis hijos, y también en la cercanía de Villa Altagracia pasó lo mismo viajando con mi hija, por suerte en ambos casos solo llegaron a romper el cristal de los vehículos.
La mayoría de los asaltos la gente no los denuncia por el trauma que implica ir a un destacamento y después a la fiscalía, un sistema arcaico donde a veces la víctima es victimaria.
El titulo de esta entrega intenta advertir que algo tendrá que pasar. En la historia de la humanidad volver a los orígenes siempre implicó una guerra, ojalá no tengamos que llegar a ese extremo para retomar el horizonte….