Lea aquí el primer discurso de Juan Bosch en congreso constitutivo PLD

Juan Bosch.

Compañeros de la mesa directiva; señores representantes de los partidos y grupos que forman el Bloque Opositor; señores invitados; señores periodistas; compañeros delegados.

Esta reunión, en la que se hallan presentes mujeres y hombres llegados de todas partes del país y aun del extranjero, tiene un propósito trascendental y por eso lleva el nombre de Juan Pablo Duarte, conocido de todos los dominicanos por el apelativo de padre de la patria. Ningún nombre es más apropiado que el suyo para bautizar el congreso constitutivo de un partido que aspira a terminar la obra que él comenzó cuando juramentó a los componentes de la célula inicial de La Trinitaria hace hoy exactamente 135 años y seis meses.

La primera parte de la doctrina del Partido de la Liberación Dominicana podría expresarse con unas pocas de las palabras que acabo de decir, y entonces quedaría dicha así́: “El PLD se propone terminar la obra que empezó́ Juan Pablo Duarte”. A la segunda parte de la doctrina le correspondería hablar de los derechos sociales de los dominicanos, a los cuales no se refirió́ Duarte porque en su época no se pensaba ni aquí ni en otros muchos países del mundo en la existencia de tales derechos.

 Juan Pablo Duarte.

Juan Pablo Duarte.

Terminar la tarea que dejó Juan Pablo Duarte no es tarea fácil. ¿Por qué?

Por muchas razones, pero sobre todo porque actualmente la dominación a que son sometidos los pueblos pequeños y débiles como el nuestro no es la de la ocupación armada llevada a cabo por un ejército extranjero. Esa ocupación puede producirse, pero no es absolutamente indispensable como lo era en los tiempos de Duarte. Ahora hay maneras ocultas de tener a un país en condición de territorio dependiente. A ese país se le deja con su nombre de república, con su gobierno y sus fuerzas armadas, con sus cámaras de diputados y senadores, con su bandera y su himno, con sus embajadores ante otros gobiernos y ante la OEA y las Naciones Unidas, pero se le somete a una situación de explotación económica y servidumbre política ejercida a través del control de la riqueza que produce su pueblo. Los verdaderos dueños de un país son los dueños de sus tierras y sus industrias, de sus bancos y su comercio, de los aviones y los buques que llevan a su territorio y sacan de él los productos que compra y vende en el extranjero; y si los dueños de todas esas cosas son ciudadanos de otro país, el país será una colonia aunque se llame república independiente; y será colonia más rápida y más profundamente si esa llamada república independiente está gobernada por hombres que no tienen conciencia de lo que es una patria y a quienes no les importa para nada el destino de su país, como está sucediendo en la República Dominicana.

Nuestro país tuvo la fatalidad de que a un mismo tiempo se le montaron sobre el espinazo el gobierno actual y la Gulf and Western, y ese gobierno y esa compañía se han entendido tan bien que en menos de ocho años la Gulf and Western pasó a ser la dueña de, o a tomar parte importante en 89 negocios. En los meses recientes la Gulf and Western ha entrado a participar en negocios de periódicos y de publicidad y se afirma que está tratando de comprar una estación de radio; y como es natural, eso indica que tendrá a su disposición prensa, radio y publicidad para influir sobre el pueblo dominicano según lo aconsejan sus intereses. En ninguna parte de América se ha dado un caso igual a este de la Gulf and Western porque en ninguna parte ha habido un gobierno tan complaciente con los intereses enemigos de la nacionalidad; y por eso mismo en ninguna parte se justifica tanto como aquí la formación de un partido de liberación nacional.

Las personas que no llegan a comprender por qué un hecho político se manifiesta de tal o cual manera no sabe que cada manera obedece a una causa determinada y precisa o a una suma de causas determinadas y precisas, que se reúnen en una sociedad en un momento dado y no se repiten en otra sociedad y ni si quiera en la misma sociedad si ésta no ha seguido siendo lo que había sido diez, veinte, treinta o cien años antes; y ninguna sociedad sigue siendo lo que fue ayer así como ningún ser humano será mañana lo que ha sido hoy porque la ley suprema de la vida, la ley que gobierna todo lo que hay sobre la tierra es la del cambio perpetuo, la de la perpetua transformación.

Discurso-Juan-Bosch-1973

Por ejemplo, en el año 1966, cuando tomó el poder el doctor Balaguer, en este país no se había oído hablar de la Gulf and Western; esa compañía se estableció en República Dominicana un año después, y la sola presencia de la Gulf and Western entre nosotros está deformando el curso de la historia nacional porque está impidiendo el desarrollo de una burguesía dominicana precisamente en el momento histórico en que estaban echadas las bases (construidas por el régimen de Trujillo a costa de mucho dolor y de mucha sangre del pueblo) para que se desarrollara esa burguesía nacional. Trujillo adquirió para él o para el Estado varias empresas extranjeras, como la Compañía Eléctrica, la Barahona Sugar Company y el Nacional City Bank, y pudo haber hecho lo mismo con el Central Romana, y esa compra habría evitado la llegada al país de la Gulf and Western.

Trujillo no quería, sin embargo comprar el Central Romana porque pensaba que los propietarios de ese ingenio, norteamericanos que tenían influencia en las esferas del gobierno de su país, podían ayudarle a conseguir que los Estados Unidos le fijaran a la República Dominicana una cantidad anual de azúcar nuestra para ser vendida allá, es decir, lo que se llama en el habla de los entendidos de los problemas azucareros una cuota de venta, cuota que en realidad iba a ser para Trujillo, por lo menos en una alta proporción; y así fue como vino a suceder que esperando ser beneficiado en el negocio de vender azúcar de sus ingenios en los Estados Unidos, Trujillo dejó el Central Romana en manos de norteamericanos, y esa fue la puerta por la cual entró al país la Gulf and Western. ¿Qué diría Trujillo si resucitara y viera a la Gulf and Western adueñándose poco a poco de todo lo que aquí da dinero con el apoyo resuelto del doctor Balaguer? ¿Qué diría si la viera metida en negocios que compiten con los que él fundó para el Estado o para él?

La existencia de un pulpo económico como la Gulf and Western en la República Dominicana significa el control político del país por parte del pequeño grupo de hombres que en los Estados Unidos se encargan de representar a la Gulf and Western en las esferas del gobierno norteamericano, y ese control político ejercido allá se refleja aquí en el respaldo político y financiero al gobierno dominicano que le ha dado a la Gulf and Western toda la suerte de privilegios, incluyendo entre ellos una exoneración sobre los mismos impuestos que se le había dado veinte años antes.

Luchar por liberar a la patria dominicana de una dominación como la que ejerce en el país la Gulf and Western es menos fácil que combatir con las armas una invasión militar extrajera, aunque lo último sea más heroico. Para combatir a la Gulf and Western se necesita tener conciencia política desarrollada y además los conocimientos que se requieren para comprender la conexión que hay entre política y economía en el fondo de un proceso de dominación del país por parte de una empresa que va camino de convertirse en la dueña de las tierras dominicanas, de sus industrias, de sus bancos y de su comercio, de sus transportes aéreos y marítimos, de sus hoteles y hasta de sus paisajes.

He puesto ante ustedes el ejemplo de la Gulf and Western porque es el más fácil de ver en su conjunto a la hora de explicar las causas que explican por qué estamos reunidos para fundar el Partido de la Liberación Dominicana; y me veo obligado a aclarar que para que el nuevo partido sea lo que históricamente le corresponde ser debemos tener presente en todo momento que el PLD tendrá muy poco que hacer o no hacer o no hará nada de lo que está llamado a hacer si le aplicamos las ideas y la manera de actuar que predominan hoy en el Partido Revolucionario Dominicano, del cual venimos todos o casi todos lo que tomamos parte en este congreso bautizado con el nombre del padre de la patria.

Un alto dirigente del PRD dijo que yo abandoné a la militancia del PRD para quedarme con la Comisión Permanente y al referirse a mí, naturalmente, estaba refiriéndose a todos los perredeístas que tomaron la decisión de pasar del PRD al PLD. Esa frase puso de relieve una manera de ver la actividad política que es diferente a la que tenemos los que salimos de PRD para fundar al PLD. Nosotros no estábamos en el PRD para servirle a la militancia perredeísta; estábamos en él para servir al país; y en lo que se refiere a mí debo recordar que había dicho muchas veces, la última de ellas el 16 de agosto de este año (1973), que dejaría el PRD el día que me convenciera de que él no podía seguir siendo lo que debía ser.

Un partido político no puede ser un fin en sí mismo; un partido político es un instrumento, una herramienta, y ni el mecánico puede arreglar un motor sin herramientas buenas ni el carpintero puede hacer una puerta con un serrucho al que le falten dientes ni el zapatero puede hacer un zapato con una chaveta bota o con una lezna sin punta. Y como la lezna y la chaveta son fabricadas para hacer zapatos, y el serrucho para cortar madera y la llave de un cubo para arreglar motores, así́ un partido político tiene una finalidad y solo esa: la de luchar por el desarrollo político y social de su país.

La militancia de un partido se beneficia en la medida en que ese partido logra hacer desarrollar política y socialmente el país. Ahora bien, hay casos en que una parte de la militancia obtiene beneficio a costa del país y aun con perjuicios para éste como podemos ver en el caso del Partido Reformista; y a eso es a lo que aspira hoy un número grande de los altos dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano. Decimos número grande y no la totalidad porque sabemos que hay dirigentes perredeístas que están desorientados y no han llegado a darse cuenta de hacia dónde va su partido.

Pero nosotros lo sabemos porque durante más de tres años estuvimos quemándonos día a día en el esfuerzo de darle al PRD sustancia y unidad ideológica y una organización que en vez de basarse en decisiones personales se basara en decisiones de organismos, así́ como quisimos darle la disciplina necesaria para que pudiera hacerles frente sin debilidades a los malos días que le esperan al país; y aunque alavistadelosquenoentienden de esas cosas cosechamos un fracaso porque en vez de seguirnos en esos propósitos una mayoría de los dirigentes conocidos del PRD o saboteó nuestro esfuerzo o no los comprendió o no fue capaz de cooperar con ellos, lo cierto es que conseguimos dentro del PRD un número importante de hombres y mujeres que apreciaron en su justo valor nuestra posición y se sumaron a la tarea que nos habíamos propuesto llevar a cabo. El hecho de que hubiera en el PRD, en el orden político, gentes atrasadas que no querían progresar y gente capaz de desarrollarse, indica que en realidad dentro del PRD había dos partidos. Nosotros teníamos que escoger uno de ellos, y habríamos traicionado al país si hubiéramos escogido el más atrasado.

Quedarnos en el PRD era lo más cómodo y lo más seguro, pero no era lo más patriótico. Para algunos de nosotros ha llegado la hora de descansar; pero retirarse de la lucha es una manera de traicionar, y nosotros no tenemos madera de traidor.

Casa del PLD.

Casa del PLD.

Decía hace poco que no debemos aplicar al PLD las ideas y la manera de actuar que predomina hoy en el Partido Revolucionario Dominicano, y eso significa que no podemos reproducir en el PLD al PRD. Si hacemos del PLD lo que ha llegado a ser el PRD tendremos en fin de cuenta un PLD que más tarde o más temprano terminará siendo lo que es el PRD.

Cuando el PRD llegó al país trajo el lema de “Libertad y Justicia Social”, que eran en ese momento las dos más vivas aspiraciones del pueblo dominicano; ese lema podría ser ahora “Que el partido me resuelva mis problemas”, porque esa es la aspiración más sentida de una mayoría de los dirigentes del PRD. Pero la consigna de los peledeístas, no el lema del PLD, deberá ser esta: “Servir al partido para que el partido pueda servir al país”. Mujeres y hombres capaces de sentir eso que acaban ustedes de oír es lo que necesita el Partido de la Liberación Dominicana, y con esas mujeres y esos hombres cumpliremos el propósito de terminar la obra que empezó́ Juan Pablo Duarte.

Pedimos para el PLD gente dispuesta a hacer sacrificios por el partido y por el país, y advertimos que desde hoy vamos a exigir en nuestra organización una disciplina estricta pero consciente; una disciplina que prepare a los peledeístas para hacer frente con entereza a todas las adversidades; reclamaremos dedicación al estudio para poder desarrollar la conciencia política; pediremos una vida pública y una vida privada que se correspondan, porque nadie puede ser al mismo tiempo luz de la calle y oscuridad de la casa, o al revés. No nos proponemos levantar un partido de santos, pero tampoco uno de diablos; a lo que aspiramos esaqueelPLDseaunpartido de dominicanos serios, de dominicanos capaces de hacer sacrificios por su país, entre ellos el pequeño pero fecundo sacrificio de estudiar para conocer cuáles son las causas de nuestros males y cómo deben ser combatidas, y el grande pero hermoso sacrificio de luchar por las ideas aprendidas mediante ese estudio. Queremos en el PLD dominicanos que ofrezcan, no que pidan, que a la hora de la verdad den un paso al frente para combatir, no para beneficiarse. No nos importa que sean pocos, que el pueblo tiene razón cuando dice que vale más estar solo que mal acompañado.

En el orden nacional vamos a luchar por la libertad nacional y por el derecho de los dominicanos a vivir libres del miedo al gobierno y a las necesidades; en el orden internacional vamos a luchar por esos mismos principios para todos los pueblos del mundo. No creemos en el llamado nacionalismo revolucionario. El nacionalismo fue creación de la burguesía y por tanto es una actitud clasista; en cambio el patriotismo no es clasista, es popular, y en una forma o en otra ha sido una fuerza generosa y creadora que han conocido todos los pueblos del mundo. Nosotros no apoyamos con toda el alma la lucha de Vietnam porque los vietnamitas fueran nacionalistas; la apoyamos porque eran patriotas. El nacionalismo da beneficios a una sola clase; el patriotismo engrandece a todo un pueblo.

Las mujeres y los hombres que formamos ahora parte del PLD, entre los cuales están no solamente ustedes, señores Delegados, sino también, desde luego, los que los han enviado a ustedes como representantes suyos en este Congreso Constitutivo, tenemos por delante una lucha larga, porque la liberación de un país tan sometido y tan dependiente como la República Dominicana no se consigue en poco tiempo; pero además de lo que será nuestro programa de liberación nacional el PLD tiene obligaciones a corto plazo. La más importante ahora es su participación en el Bloque Opositor. Esa participación del PLD en el Bloque Opositor es una herencia que nos ha quedado de nuestra militancia en el PRD, y nosotros debemos llenar nuestro papel en el Bloque de la misma manera que debería llenarlo el PRD. Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones; los dirigentes del PRD tienen planes para actuar por cuenta propia, sin formar parte del Bloque Opositor, y solamente la presión del pueblo puede hacerlos cambiar de idea.

Una parte de los planes perredeístas de no participar en el Bloque se debe al argumento de que si el Bloque va a ir a las elecciones del año que viene y el PRD se halla en el Bloque no podrá llevar candidatos suyos a todas las sindicaturas, las diputaciones y las senadurías porque tendría que negociar con el Bloque varias de esas candidaturas; otra parte se debe al argumento de que la presencia de la izquierda en el Bloque perjudicaría al PRD, que ahora está haciendo propaganda para justificar nuestra salida de su organización diciendo que lo hicimos porque tenemos tendencia comunista. Este no es el momento de que nosotros demos nuestra opinión acerca de lo que piensa el PRD en relación con el Bloque Opositor, y por tanto no diremos una palabra sobre ello. Pero no podemos callarnos nuestra opinión sobre la participación de la izquierda en el Bloque. Para nosotros ese hecho tiene una importancia que alguna gente no ha alcanzado a comprender, entre ella ciertos izquierdistas. Por primera vez en la historia dominicana partidos y grupos comunistas y partidos y grupos no comunistas de tendencias variadas se han sentado alrededor de una mesa a trabajar juntos para buscarle una salida conveniente y patriótica a la situación del país; y eso, señores Delegados, señores invitados, señores periodistas y representantes de los partidos y grupos que forman el Bloque Opositor; eso es la expresión visible de un salto político extraordinario. De un golpe hemos saltado muchos años; de un golpe hemos presentado a los ojos del pueblo la prueba de que hay momentos históricos en que todas las fuerzas pueden unirse y deben unirse para luchar por un mismo propósito.

Que no se haga nadie ilusiones creyendo que esa unión es para siempre, pues no hay nada que sea para siempre; ni si quiera el sol estará alumbrando a la tierra por siempre jamás. Pero la unión se produce, y el pueblo está viéndolo; aunque esa unión dure poco, aunque se acabara mañana mismo, ya ha cumplido un fin notable, que era el de demostrarle al pueblo que la unión puede hacerse, y si se amplía y se fortalece, esa unión cumplirá el más importante de sus propósitos, que es poner fin al régimen del balaguerato. Por otra parte, esta no ha sido una unidad hecha a tontas y a locas: en la unidad que se ha logrado ahora cada quien sabía de ante manos con quien está negociando y por lo mismo cada quien sabía hasta dónde podía ceder y cuánto podía esperar que cedieran los demás. Podemos anticipar que llegará un día en que la unidad hecha en el Bloque Opositor será recordada como un punto de partida en la historia política del país sin tomar en cuenta a aquellos que hablan de ella como de un error político colosal.

En términos generales hemos tocado en este discurso, de manera muy rápida y por eso mismo sin detalles, los fundamentos de lo que deberá ser la doctrina del Partido de la Liberación Dominicana y no hemos dicho nada de lo que deberá ser la forma organizativa de ese partido. La organización de un partido se describe en lo que llamamos estatutos, y generalmente los estatutos son hechos por una comisión y son adoptados luego por un congreso de delegados escogidos por todos los miembros de ese partido. Pero sucede que por mucho que discutan los delegados, los estatutos necesitan ser probados en la práctica porque lo que se imaginan los hombres, aun con los mejores deseos, es siempre diferente en alguna medida de lo que puede aceptar la realidad social. Por ejemplo, cuando nosotros estábamos en la dirección del PRD procedimos a reorganizar el partido para lo cual concebimos un tipo determinado de organización; y se pusieron en vigor, y al cabo de tres años todavía teníamos que tomar notas de los arreglos que debían hacérseles porque constantemente descubríamos que había que ajustarlos a esta y a aquellas características de la cambiante realidad del partido. Con esa experiencia tan cercana habría sido un error presentarle a este Congreso Constitutivo un proyecto de los estatutos definitivos del PLD. Por esa razón propongo que ustedes, compañeros Delegados, elijan por el término de dos años un Comité Central del partido y que le den autoridad para que redacte los proyectos de doctrina, de estatutos y de reglamentos, y que esos proyectos sirvan durante los dos años de vida del Comité Central como documento constitutivo del partido. Propongo también que si en algún momento dentro del plazo de los dos años el Comité Central elegido hoy está en capacidad de convocar el primer congreso del partido, deberá incluir necesariamente en su convocatoria la discusión y la aprobación de los documentos fundamentales a que acabo de referirme.

Si ustedes aprueban esa proposición procederemos inmediatamente a elegir el Comité Central, cuyo número de miembros deberán señalar ustedes. Pero antes de pasar a este punto de la agenda de esta reunión quiero decirles algo en nombre mío y de los compañeros que convocaron junto conmigo este Congreso, y es lo siguiente:

Nosotros no estamos haciendo campaña de afiliación y no tenemos el menor interés de atraer a nuestras filas a un perredeísta. El que está confundido hoy despertará mañana y cuando despierte vendrá al PLD, pero no vendrá porque nosotros lo llamemos; vendrá porque lo llame su conciencia o se quedará donde está porque ahí se siente cómodo. Ahora bien, es oportuno aclarar que nosotros no hemos olvidado a los que cayeron como perredeístas en los doce años y medio de lucha que llevaba el PRD en el país cuando decidimos deja sus filas para fundar el PLD. De esos muertos se han olvidado los que se han vendido al enemigo, no nosotros. En este país no hay nadie que pueda decir que nosotros nos hemos vendido al enemigo; ni aún el más irresponsable y el más perverso de los dominicanos se atreve a decirlo. Dejemos a los muertos tranquilos para que cumplan con su hermosa función de iluminar la conciencia de los vivos. Nosotros los hemos honrado consagrándonos al servicio del país y los seguiremos honrando hasta el último día de nuestra existencia; y hoy invocamos su recuerdo y su ejemplo, junto con el recuerdo y el ejemplo de todos los que han caído en la larga guerra del pueblo dominicano para conquistar un lugar entre los países independientes del mundo.

Y ahora, a trabajar, compañeros Delegados, en este acto de fundación del Partido de la Liberación Dominicana.


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