Lea Zajac y el holocausto nazi

Ubi Rivas.

A Daniel Saban, embajador
del Estado de Israel en RD.
Lea Zajac (Micholowo, Polonia, 1926), 91 años, es una de las últimas sobrevivientes del shoah en Auschwitz-Birkenau, Polonia, donde la locura del III Reich eliminó más de un millón de los seis millones discapacitados mentales y físicos, enemigos del régimen, polacos, Testigos de Jehová y gitanos o romaníes, no solo hebreos.
Ella es una de las últimas víctimas y testigos sobrevivientes del más depravado horror donde la degradación de la condición humana tocó fondo como nunca antes, que la humanidad aspira no tenga reprisse, y donde el especímen humano desertó de su condición genética, superando en primitivismo a sus remotos antepasados Neardentales y Croc Magnon.
Lea Zajac vive el último tramo de su atormentada existencia en Buenos Aires, Argentina, donde reside la mayor comunidad judía de América Latina, y sus declaraciones publicadas en el madrileño gran diario El País del 30 de enero último, convocan a la reflexión, con las bridas tensas de la indignación, asombro, sollozo, y vómito.
Fue liberada de Aschwitz-Birkenau por los aliados vencedores de la II Guerra Mundial que ocuparon el campo de exterminio abandonado en fuga por los alemanes el 27-01-1945, cuando apenas los cañones nazis rugían y se producía el estampido del proyectil con el que Adolf Hitler, derrotado, se suicidaba en el Reischtag de Berlín.
Lea Zajac fue obligada junto a un luengo contingente de prisioneros judíos a caminar 50 kilómetros con la nieve en la rodilla, sin alimentos, pereciendo tres de cuatro personas, hasta ingresar a Aschwitz-Birkenau, donde le aguardaba el trato rudo y los experimentos inhumanos del doctor Joseph Mengele, practicando intervenciones quirúrgicas sin anestesia, en la locura de la alquimia por un hombre superior.
Lea Zajac es una de las últimas víctimas testigos de los horrores del shoah.
¡Nie wieder! ¡Nunca más!