Leonor Elmúdesi Espaillat: Valores humanos en el modelo educativo de Consuelo

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La obra originalmente fue una investigación realizada por la autora para la Universidad de Murcia, España, con la cual obtuvo el grado de doctora en Educación. Leonor Elmúdesi Espaillat escogió el modelo educativo aplicado por seis monjas canadienses de la Inmaculada Concepción que se radicaron en el año 1959 en Consuelo, San Pedro de Macorís, entonces un remoto ingenio cuyo único vínculo con los seres humanos era para doblegarlos a los quehaceres de la producción azucarera. Comenzaron su labor educativa en una edificación abandonada con una población estudiantil en total sobreedad. Nueve años después lograron la construcción de la escuela Divina Providencia. Al cierre del estudio (2012) habían fundado cuatro escuelas, dos liceos, un dispensario médico y un hogar de ancianos, todos gratis. La autora se apoyó en la afirmación de que “la educación en valores constituye un imperativo moral de todo proyecto educativo”. (p. 27).
Elmúdesi Espaillat, educadora, directora de una prestigiosa comunidad educativa del país, se sumergió con suma pericia en la vastedad de fuentes que tratan teóricamente el tema desentrañando la bibliografía clásica y la actual. En la aproximación conceptual expone las diferentes perspectivas de la visión de educar en valores, entre otras, en el contexto escolar y sus múltiples dimensiones; en contextos multiculturales y en el desarrollo comunitario tanto a nivel general como en la República Dominicana, en el ámbito público y privado.
Para su estudio de campo la autora contó con sesenta y ocho informantes distribuidos en ocho grupos: dos monjas fundadoras, diecisiete egresados, doce directivos, catorce profesores, dieciséis familiares de egresados y siete participantes externos. Sor Leonor Gibb y sor Susana Daly, fundadoras, son las únicas que aún viven. Elmúdesi Espaillat se abocó a “desentrañar los valores en el modelo pedagógico” en el periodo 1959 a 2012. Entre otros objetivos se propuso “identificar y analizar los valores que han sido fomentados en dichas escuelas” y, “describir y analizar la forma de transmisión de estos valores”. (p. 124). Para la recolección de información debió armarse de mucha tenacidad porque al momento del estudio solo una parte de los informantes residían en Consuelo. Los demás se habían radicado en otros puntos del país o en el extranjero.
A las monjas les tocó realizar una labor compleja en una población de composición social multiétnica y sin instrucción. Era un espacio cohabitado por inmigrantes de primera generación y sus descendientes. Sor Leonor Gibb indica que: “Estábamos trabajando con tres grupos: haitianos, cocolos y dominicanos”. (p. 143). Las monjas sabían el tipo de respuesta requerida frente a esa comunidad multicultural y comenzaron su labor de perseverancia. La autora fue identificando poco a poco los valores humanos aplicados por las monjas y los clasificó por áreas.
Elmúdesi Espaillat muestra hallazgos en la autoestima comunitaria: “La autoestima de los muchachos, que podían decir ‘yo puedo’, ‘yo lo hice’, ‘tú también puedes’, fue uno de los grandes elementos que ayudaron a romper las barreras y a darles esta dignidad” (Sor Leonor Gibb, fundadora, p. 140). “Las monjas prácticamente le enseñaban a los maestros la disciplina, el trabajo, la caligrafía…” (Andy Branche, p. 155); “Ellas nos enseñaron a todos a enseñar”. (Iris Montilla, p. 155). El respeto: “Valoramos el conocimiento de otras culturas, el respeto por ellas y cierta comprensión de nuestras diferencias… Nosotras intentamos tratar a cada niño con respeto, sin importar su nacionalidad”. (Sor Susan Daly, fundadora, p. 203). Los valores religiosos/espirituales: “Lo más valioso ha sido la formación cristiana” (Grupo focal 3, familias, pág. 209).
La disciplina: “La disciplina era un trabajo conjunto” (Libertad Mateo, p. 212). La responsabilidad: “Se trata de la responsabilidad de tus acciones, y de cumplir con lo que corresponde”. (Isabel Calin, p. 217). La honestidad: “Las monjas nos recalcaron mucho en eso de la honestidad, y yo le doy gracias a ellas puesto que en los cargos públicos por donde he pasado, hasta ahora no he tenido problemas de corrupción, habiendo tenido la oportunidad. Esos fueron los valores que logramos en la escuela”. (Gerardo Carty, p. 225).
La autora da cuenta de haberse inclinado por el modelo Hall-Tonna, con 125 valores universales establecidos. Tras sus dilucidaciones extrajo un conjunto de conclusiones cuyos encabezados son: una propuesta educativa integral orientada a una moral de máximos. Un modelo de inclusión educativa, abierto a la interculturalidad. Un modelo que promueve un clima escolar humanizante. Un modelo educativo que propicia la participación. Un modelo de educación en valores fundamentado en la coherencia institucional y asumido desde distintas perspectivas. Un modelo educativo que despierta el sentido de esperanza. Un modelo que ha propiciado una cultura educativa de calidad, compartida por toda la comunidad local. Un modelo educativo que conduce a la creación de capital social. Un modelo educativo tendente al desarrollo de la comunidad. Un modelo de educación ciudadana en clave humanística. (pp. 272-277). La obra trae una presentación de José Mármol y un prólogo de Juan Tomás Taveras, presidente y co-fundador respectivamente de Educa.
Siento una enorme satisfacción por haber sido uno de los informantes de Leonor Elmúdesi Espalliat. Fue una participación privilegiada por ser uno de los egresados de ese tamiz de las monjas de Consuelo. La presencia de los valores humanos en un modelo educativo es transversal; por ejemplo, nos permite saber por qué no nos sumamos a la amenaza racial y de odio que cada día se ensancha más en la sociedad dominicana. Con un modelo así la degradación moral no hubiera llegado a los límites actuales. Para que no haya excusas ahora también se integra a la bibliografía del país este magnífico libro “El milagro de Consuelo”, de Leonor Elmúdesi Espaillat, una obra fundamental para aplicar valores humanos en modelos educativos. Es el libro que toda comunidad quisiera que le escriban. Ojalá que encuentre eco.