¿Les digo Algo?

En el mundo hay más de 24 naciones que luchan por ser independientes de imperios, reinos y estados, los cuales se resisten a reconocer sus argumentos de reclamo al derecho de autonomía.
Entre las naciones que reclaman desde hace años e incluso siglos ser países independientes se encuentran Catalunya, Irlanda del Norte, Groenlandia, Tíbet, Escocia, País Vasco, Hong Kong, Kurdistán, Galicia, Quebec, Gagauzia y Guam.
También La Nación Mapuche, Cachemira, Chechenia, Córcega, Islas Feroés, Flandes, Macao, Somalilandia, Transnistria, Trentino, Gaganzia, Taiwán, Nazorno Karabajaj, Puerto Rico y otros tantos que no se sienten cómodos siendo dependientes.
Muchos de estos territorios si no los buscamos no sabríamos que existen, porque aunque en los programas educativos se mencionan en geografía, historia y economía, el interés y la aproximación que se crea son de conocimiento o información general.
La existencia de estados plurinacionales y la llamada globalización impulsada por una economía de interdependencia y hegemonía comunes a todo el planeta contrasta con el resurgimiento de los nacionalismos impulsados ya por resistencias añejas e históricas de naciones y culturas, ya por la inducción con fines de debilitar el peso de ciertos países, ya como parte de estrategias de promover la atomización de estados a los fines de apoderarse de sus recursos e imponer nuevos dominios imperiales.
La polémica suscitada en España con el referéndum convocado por el gobierno Catalán ha despertado la curiosidad y el interés del mundo y de muchas personas que desconocían los anhelos de ese pueblo de fuerte espíritu y sentimientos nacionalistas.
Los catalanes no sólo comparten territorio con España, también forman parte de unidades geohistóricas de predominio lingüístico catalán, como ocurre con los situados en los Pirineos Orientales (Francia) y Alguer en Italia.
La intención de los catalanes de desligarse de España hace pensar en que el término democracia es utilizado por los gobiernos para imponer a los pueblos sus desatinos y su voluntad, violando sin miramiento el derecho a decidir de la gente sobre los asuntos relacionados con su vida, su cultura y bienestar.
El gobierno español presidido por el presidente Mariano Rajoy actuó igual que los demás presidentes cuyos estados mantienen bajo sus dominios pueblos que reclaman su independencia, negándose considerarlos como debería ser en una verdadera democracia.
La iniciativa de los catalanes de España podría animar a los demás territorios de lengua catalana, al País Vasco y a Galicia a tentar el espíritu democrático del Estado español que parece no estar en condiciones de actuar en bien de los pueblos que lo integran.
Los porrazos, empujones y patadas propinadas por la policía española a los catalanes no solo les dolieron físicamente, sino rasgaron sus espíritus, profundizando sus demandas de respeto al derecho a decidir su destino y actuaron como el más firme impulso a la causa que se pretendió reprimir.
Los impulsos nacionalistas requieren de políticas e iniciativas distintas al garrote y la negación.


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