¿Les digo Algo?

Dar del cuerpo, como se dice popularmente a las necesidades fisiológicas, es un impulso sobre el cual no se tiene control y puede producirse en momentos y circunstancias, que muchas veces ponen en apuro a quien las siente. Quizás esa sea la razón de que la mayoría de países no tengan legislación que sancione orinar o defecar en la vía pública, asunto que se agrega a los graves problemas de la República Dominicana, donde los criollos y extranjeros no cuentan con lugares públicos para realizar esas necesidades.
En la Capital ni en ninguna provincia, municipio, paraje o vecindario, encontrará quien desee “dar del cuerpo”, dónde hacerlo. Los urbanizadores han olvidado que los ciudadanos tienen necesidades fisiológicas y deben incluir sanitarios en las construcciones para que en las eventualidades de este tipo el apremiado encuentre donde resolver.
La falta de baños y sanitarios públicos donde hacer las necesidades fisiológicas y asearse se ha tornado peligrosa. Por esa causa se han producido varias muertes de inmigrantes y hasta autoridades de la AMET han sido sancionadas por orinar en la vía pública.
Cierto es que por la micción en las calles, algunos sectores de Santo Domingo, Santiago, La Romana, Higüey y Puerto Plata, entre otras ciudades, parecen letrinas por el mal olor de la orina y otros desechos humanos que se hacen en la vía pública por falta de sanitarios públicos.
En el país, como en otros países latinoamericanos, no hay leyes que prohíban defecar u orinar en las vías públicas. Existe la Ley 120-99, promulgada por el expresidente Leonel Fernández el 21 de diciembre de 1999, que prohíbe a toda persona física o moral tirar desperdicios sólidos y de cualesquier naturaleza en calles, aceras, parques, carreteras, contenes, caminos, balnearios, mares, ríos, etc.
Este tema parece vano, pero tiene su enjundia. Es obligación del Estado y sus planificadores pensar en los detalles importantes que necesitan los ciudadanos para proveerlos, es necesario que haya sanitarios y baños públicos para que las personas tengan donde deponer la orina y otras necesidades fisiológicas mayores y asearse. Esta preocupación concita la risa porque vivimos en una sociedad en que solo salen a relucir los problemas cuando la gente se ve compelida a resolver las dificultades que le afectan a su manera. Ejemplo de situaciones como esta sobre la que tratamos: un hombre a quien le negaron entrar a un sanitario de un establecimiento, amenazó con “hacerlo ahí mismo” si no le permitían usar el baño.
Los choferes del transporte urbano e interurbano de autobuses usan las carreteras como inodoros o letrinas, incluso, detienen los vehículos llenos de pasajeros para realizar sus necesidades sin ningún rubor, también son frecuentes los viajeros que le piden al conductor detenerse para ellos “cambiar el agua”.
Se trata de un problema de salud pública y de repensar las ciudades y los caminos desde una perspectiva incluyente que dé respuestas a las urgentes e inevitables urgencias fisiológicas de ciudadanos y ciudadanas. La gestión democrática de la cotidianidad es también un asunto de Estado que debe y puede ser objeto de la mayor atención de los poderes públicos y los planificadores.


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