¿Les digo Algo?

La esperanza de vida en Latino América y El Caribe ha aumentado a 74 años, cambio que debe activar la acción de los sistemas seguridad y protección social para proveer a ese segmento poblacional los recursos y asistencias propicios para una existencia larga con calidad.
Este hecho es un acontecimiento porque en estos países la gente moría relativamente joven, consecuencia de las precariedades ambientales, las carencias de todo tipo, el hambre y el peligro que acortaban las posibilidades de una vida prolongada y segura.
Hace tiempo este tema se discutió en Europa donde la seguridad social es concebida como protección económica para una vida digna de quienes el envejecimiento coloca en otras perspectivas menos demandantes del vigor de la juventud.
La República Dominicana se sitúa entre las naciones que aumentaron su esperanza de vida de 63 a 71 años, una buena noticia para la población. Sin embargo es una preocupación para quienes están en ese sector, pues si bien todos desean vivir, quieren hacerlo con las calidades que proporciona la sociedad a las personas económicamente activas.
La anunciada buena nueva motivó a la Dirección de Información y Defensa de los Afiliados de la Seguridad Social (DIDA) a introducir el tema en la sociedad como le corresponde en cumplimiento de las funciones asignadas en el Sistema de Seguridad Social.
Conjuntamente con el Consejo Internacional de Bienestar Social (CIBS) y el respaldo de la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (SISALRIL), la Superintendencia de Pensiones (SIPEN), la ARL Salud Segura (ARLSS) y la ARS SENASA, se organizó el Panel Internacional: Políticas de Seguridad Social para Adultos Mayores, “Propuestas de Beneficios para la Tercera Edad”.
El 29 y 30 de noviembre, unos quince expertos en seguridad social y protección social nacionales y extranjeros y un público interesadísimo en el tema, analizaron los conceptos e implicaciones del envejecimiento, la longevidad, la seguridad social, la salud y la pensión.
En el cónclave quedó aclarado que el envejecimiento no está vinculado solamente a la edad, sino además, al aumento de la longevidad a causa de la mejoría en los servicios de salud que se prestan a la ciudadanía, los cuales tienen por objetivo reducir la mortalidad.
La socióloga mexicana Ana Elena Macías Amezcua destacó que la protección social debe estar centrada en las personas y se fundamenta en cinco componentes: libertad, dignidad, solidaridad, sostenibilidad económica y medioambiental.
Llamó a tomar en cuenta que la esencia de la protección social está basada en una vida digna y se requiere la garantía de seguridad económica, salud y bienestar en entornos favorables: “la seguridad y protección social deberían ser el techo, la lona o la cuerda para que las personas logren sus anhelos trascendentes”.
La presidente global del CIBS, Eva Holmberg Herrstrom, manifestó que una de las debilidades de la seguridad social en el Viejo Continente es que está concebida para ofrecer al adulto mayor cobertura para las necesidades económicas y de salud, pero se olvida de la parte humana que implica el envejecimiento de una persona que tuvo una vida activa y productiva.

El CIBS se apoya firmemente en los organismos internacionales para erradicar la percepción errónea de considerar a los adultos mayores como débiles e improductivos. Esta entidad, en su plan 2016-2020, decidió impulsar el establecimiento de un Piso de Protección Social como propugna la Resolución 202 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ponderada por las Naciones Unidas (ONU).


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