¿Les digo Algo?

Los enfermos y enfermas mentales deambulan por las calles sin que su estado desquiciado, su abandono, su mal aspecto físico y antihigiénico le importe a la gente que los ve en los lugares que, en su locura, escogen para vivir instalándose como si fuera una residencia.
La calle, una esquina, un árbol, un terreno abandonado, una casa deshabitada, un banco, los parques, los alerones de residenciales, los bajos de los puentes, basureros y puertas de establecimientos son sitios preferidos de los enfermos mentales para convertirlos en sus hogares.
El problema principal de estos enfermos es que la familia los excluye del núcleo, los desprecia y deja de tratarlos como personas; los aísla y olvida sus necesidades afectivas, nutricionales y sanitarias.
En la capital el cuadro de los enfermos mentales es patético, los hay jóvenes, ancianos y en edad productiva de ambos sexos: andan desnudos, semidesnudos, sucios, harapientos, peludos y con uñas largas como garras.
No hablan con nadie, pero lo hacen consigo mismo en voz baja, a veces, refunfuñan cuando los miran y los molestan mofándose de su condición de enfermos e indigentes.
La artista artesana Celina Sosa tiene una disposición especial hacia los enfermos mentales y los ancianos; parte de su tiempo lo dedica a rescatarlos y llevarlos a lugares donde se les asiste y proveen las atenciones que las leyes dicen que tienen derecho a recibir.
Su dedicación ha hecho posible que actualmente estén bajo cuidado, en el Centro de Rehabilitación Psicosocial de la Unidad de Salud Mental del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, varios enfermos mentales rescatados de las calles por esta dama humanista.
Emmanuel Primero (Picasso del Conde), Mario Méndez Batista (Cheverito), Wendolyn Stafeld y Rocío Quiñonez tuvieron la suerte de encontrar a Celina, quien les dedica tiempo, amor y gestionó que las instituciones encargadas de suministrar protección a ese segmento poblacional se los concedieran.
El departamento de Salud Mental del Ministerio de Salud es dirigido por el doctor Ángel Almánzar, médico conocido por su capacidad y entrega al trabajo, quien tiene una visión integral en el abordaje de la salud mental en el país.
Los enfermos mentales necesitan que los dominicanos, considerados generosos, sensibles y solidarios, vean su cuadro y cambien su actitud ante esta problemática por una más humana y proactiva con quienes la padecen, contribuyendo a la recuperación y el trato digno que debe prodigarse a esos enfermos.
Se ha comprobado que el enfermo mental, sintiéndose apoyado y recibiendo tratamiento adecuado bajo supervisión médica, supera sus problemas o aprende a manejarlos sin llegar al desquiciamiento o la inanición.
Urge un cambio para devolver a muchas personas la dignidad.