¿Les digo Algo?

Qué infortunio! Fuerzas extrañas, si no diabólicas, siguen pulseando en la República Dominicana para que no se conjure el maleficio del trujillato, azuzado permanentemente por gente que ejerce poder y no le importa que el país continúe viviendo en el atraso.
Toda actividad es temporal, si el tiempo de duración se prolonga más de lo razonable, se corre el riesgo de que se pierda la emoción de lo inesperado y se diluya causando decepción y rechazo a los que poseen nuevas ilusiones en las expectativas de un mañana mejor.
El espectro político se enturbia cada vez que sacan del pasado expresiones o imágenes que representaron símbolos de la historia violenta y criminal de la Era de Trujillo: palabras como caudillo, redentor, padre de la patria o benefactor, implicaron un alto costo para el pueblo dominicano.
El ambiente político se enrarece dando pie a rumores y comentarios de ciudadanos que temen que mentes siniestras estén activando contra el fortalecimiento democrático y el Estado de derecho que tanto le ha costado construir.
La imprecisión del rumbo que lleva el barco en manos de las autoridades y las disputas de las cabezas que lideran el partido de Gobierno, son caldo de cultivo donde pueden desarrollarse preocupaciones y confusiones capaces de alterar la calma política.
Motivos hay para las especulaciones en torno a la gestación de ideas e intentos de cercenar las libertades públicas y la libre expresión del pensamiento, especialmente de los críticos del Gobierno y periodistas que ejercen con independencia su labor, contrastando los hechos con la realidad y asumiendo las quejas de la población.
Asimismo, se enfrentan y discuten encarnizadamente comunicadores y comentaristas en programas de panel, denominados popularmente “baba shows” o “bocinas”, en los que se abandona toda objetividad para asumir posiciones comprometidas con intereses partidarios o particulares sobre temas que deberían analizar con enjundia, pero que son abordados con superficialidad, sin objetividad ni criterios periodísticos.
Las disquisiciones interesadas, la compra y venta de opinión y la falta de ética manifiestas en los “baba shows”, las mentiras y rumores sobre el medio y sus autores, influyen en que la sociedad haya perdido la credibilidad en la información y en el periodismo.
El rumor, potencializado por las redes sociales, y la creación de verdaderas maquinarias para la manipulación de la información han convertido la búsqueda de la verdad y la objetividad en tareas cada vez más difíciles y, por lo tanto, cada vez más nobles, necesarias y urgentes.
La sociedad dominicana no necesita perínclitos, ni nuevos padres de la Patria, tampoco salvadores, predestinados o benefactores para que no sean precisos desembarcos en Luperón, Maimón, Constanza o Estero Hondo, ni 30 de mayo.