¿Les digo Algo?

La condición de dependientes de los países latinoamericanos y caribeños les impide actuar soberanamente y conforme a sus criterios en los asuntos internos y externos teniendo que anteponer los intereses de sus pueblos a los de las naciones que rigen el actual orden mundial.
Confirma esta lamentable realidad la reciente reacción del gobierno de los Estados Unidos ante la decisión de los gobiernos de Panamá y de la República
Dominicana de establecer relaciones formales con la República Popular China como si la decisión fuese una falta grave cometida por un hijo desobediente contra su padre.
La condición de países dependientes es una realidad de la que deben salir los pueblos latinoamericanos y caribeños que a través de la historia han tenido que vivir acatando las imposiciones europeas y norteamericanas que han tratado de someterlos desde antes que se constituyeran en naciones soberanas.
¿Cuándo los países europeos y los Estados Unidos admitirán que los “del tercer mundo” tienen el mismo derecho que ellos a organizarse como les convenga, a escoger sus relaciones y a establecer sus reglas políticas, económicas y ambientales?
A excepción de Cuba, ningún otro país de América Latina y el Caribe es plenamente soberano. Resistiendo a los Estados Unidos, ha mantenido la dinámica de su economía y desarrollado la capacidad y los talentos de su pueblo en todas las áreas de la actividad humana, constituyéndose en un incuestionable ejemplo de que los seres humanos poseen capacidad espiritual e intelectual para luchar por la libertad y la independencia, sobre todo cuando la independencia es absoluta y no en condiciones perjudiciales para una parte.
La dependencia de los países latinoamericanos y caribeños pesa demasiado, siendo ejemplo de ese peso la situación de Venezuela, de Brasil, Argentina, Nicaragua, Bolivia, El Salvador, Panamá, Chile abatidos por las acciones injerencistas dirigidas a reponer en el poder a los representantes de la derecha, desplazados del poder a finales de la década del 90 y los primeros años del siglo XXI.
Nadie debe ignorar u olvidar que desde el origen de nuestros países las naciones europeas y los Estados Unidos han tronchado los esfuerzos realizados por nuestros pueblos para alcanzar su independencia y soberanía, valiéndose de todas las maniobras posibles para impedir que esos deseos se materialicen, incluyendo golpes de estado, sabotajes económicos e intervenciones militares.
Si la mayoría de los venezolanos, cubanos y nicaragüenses no apoyaran los gobiernos que ejercen Nicolás Maduro, Díaz Canel y Daniel Ortega habrían podido resistir las maquinaciones políticas de los que se oponen a que los beneficios de la patria sean para todos sus hijos e hijas.
¿De qué lado está la bondad? ¿Está del lado de los entreguistas y oportunistas que se les importa que sus compatriotas vivan en el desamparo, el hambre y la miseria o del lado de quienes desean que haya patria y bienestar para los hombres y mujeres que pueblan los territorios de América Latina y el Caribe?