Ley de partidos con nebuloso destino

Glenn Davis

Para nada me sorprende que una vez más, la tan añorada Ley de Partidos Políticos siga encontrando en el camino, escombros que impiden su aprobación definitiva en la República Dominicana, lo cual nos llama, obligatoriamente a reflexión, por tratarse de un instrumento legal que su importancia para nuestra democracia es exuberante.

Durante los últimos 30 años, en la vida política republicana se ha visto de todo como en boticas, y estoy dentro de los que aseguran que aún nos queda mucho por ver, puesto que, cuando más cerca hemos estado de tenerla, es cuando más lejos nos la están poniendo.

A estas alturas no podemos darnos el lujo de andar buscando cuál o cuáles de los partidos son los culpables, pues, en gran medida todos tocan su parte. Diálogos han ido y venido, cada uno se ha sentado por su lado, en fin, las discusiones no han cesado, pero seguimos sin tener esa herramienta que los regule.

El Partido de la Liberación Dominicana, con la reunión de su comité político desaprovechó la oportunidad de casarse con la gloria, y optó por poner la bola en la cancha de sus diputados y senadores para que sean estos que decidan el futuro de la Ley de Partidos, decisión que nos dice “sálvese quien pueda”, por tratarse de una táctica dilatoria más.

Si 34 hombres y mujeres no lograron ponerse de acuerdo, qué creen ustedes qué pasará con 222 personas discutiendo diversos temas que componen una norma de tal magnitud, con posiciones encontradas y todo el mundo en defensa de sus intereses. Sin dudas, que se ha puesto muy nebuloso el destino de la Ley de Partidos.

El cacareo cada vez se hace más fuerte y frecuente, lo que ha instruido a una ciudadanía desconocedora sobre estos temas, que ahora levanta su voz y reclama que se dote al país con esta Ley a los fines de tener un sistema más participativo y transparente.

Los partidos mayoritarios, llámense, PRD, PRSC, PLD y PRM, han sido gobierno y poseedores de mayorías en ambas cámaras legislativas, salvo el último, como organización, no así sus dirigentes, y la Ley de Partidos continúa en el limbo. A mi juicio, si fuésemos a buscar culpables, no serían las organizaciones, si no los actores que hemos tenido hasta la fecha.

¡Sí! eso mismo es lo que necesitamos, actores responsables, verdaderos demócratas, capaces de promover la institucionalidad, el respeto a las leyes, la participación y equidad, la alternabilidad, y que dignifiquen el ejercicio de la política.