Llegar al origen del problema

La incapacidad de frenar el ingreso de inmigrantes sin papeles a través de la línea que divide la isla, y por la que interminablemente retornan viajeros acabaditos de deportar, se deriva de situaciones que las autoridades deben tratar de erradicar. Un mal de fondo que se manifiesta en el patrocinio que asociaciones delictivas ejercen sobre el éxodo disparado por la crisis social de Haití que se convierte en oportunidad de negocio. Persiste un grueso tráfico humano con cabecillas que ponen a su servicio a agentes fronterizos dominicanos por una vulnerabilidad a la corrupción que no ha tenido de frente, con fuerte voluntad, a los superiores de los sobordinados.

A la ausencia de sanciones y de efectiva vigilancia sobre el patrullaje se agrega la inexplicable blandura de no hacerles ver a los traficados que sus reiterados ingresos al territorio nacional sin llenar requisitos, y tras haber sido deportados, quebranta leyes y pone en ridículo a los encargados de aplicarlas. No son objeto siquiera de una pena menor de privación de libertad al tiempo de llenarles expedientes de reincidencia para endurecer sanciones. Algo de tanto valor para este país, para su soberanía y su seguridad, como es hacer valer su frontera en todo aspecto, tiene que aplicarse con vigor, al tiempo de desarrollar políticas que dignifiquen salarialmente y en asistencia social las áreas laborales de las que los nacionales huyen por inhóspitas.

El  país de los candados tardíos

Algunas autoridades de las que deberían estar alerta a los riegos que causan fenómenos naturales para intervenir se comportan como curadas de espanto y reducida capacidad para proceder. Basta ver la forma en que han permanecido familias vulnerables de un barrio de Santiago con sus moradas al borde de un precipicio de súbita aparición por erosiones causadas aceleradamente por la lluvia que además hacen desaparecer una carretera todavía en servicio. Entre los moradores de La Yagüta de Pastor y la imprevista hondonada que podría resultarles mortal tragándoselos en cualquier momento, no aparece señal ni barrera de emergencia, además de que no se ha procedido a evacuarlos. Los días pasan y los aguaceros continúan mientras la posibilidad de que los derrumbes que comenzaron hace tiempo empeoren sigue vigente.


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