Lo de Honduras…

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, fue derrocado por militares que, en toda América incluyendo los de nuestro país, son envenenados con la idea estúpida e insostenible de que la guardia es el elector último, el gran juez que decide quién gobierna y quién no.
El siglo pasado estuvo plagado de golpes de Estado para beneficiar al imperio norteamericano, a los ricos, a la iglesia católica y a quienes son definidos como “los que tienen algo que perder”. La dictadura de la clase poderosa militar, eclesial, económica, terrateniente, empresarial, se ha burlado siempre de los resultados electorales cuando entiende que no les convienen.
El voto de los pueblos se quiere convertir es un inútil ejercicio de masturbación mental y se distorsiona la institución del voto, base fundamental y única del origen legal, legítimo, constitucional y moral de un gobierno. Todo el ordenamiento legal está enfocado a que los poderosos mantengan la sartén por el mango, sartén en la que fuerzan para que en ella sólo se cuezan alimentos para los que mandan, que son los mismos que desprecian y explotan a los pueblos.
La Honduras de hoy sufre la repetición de una prueba que salió hace mucho del laboratorio y se aplica conforme al interés que sopla el viento en su dirección. Lo que ocurre es muy interesante y puede servir para una lectura que permita asimilar la lección de lo que no se ve, los modos en los cuales en demasiadas oportunidades se manejan la percepción, se tuercen las intenciones para culminar con resultados impuestos y predeterminados independientemente de la voluntad popular
Lo que se ve, lo que está sobre el tapete es que se realizaron unas elecciones sin mayores traumas en el proceso hasta que llegó la hora de contar los votos. Uno, otro, más uno, más otro y se formó una loma de votos que diferencia de un punto para un candidato y un punto para el otro.
Al final, los votos fueron depositados de manera que tanto uno como el otro candidato, cuando no, se autoproclamaron como el ganador.
Ante el robo de la voluntad popular los pueblos reclaman, se levantan iracundos y son señalados como levantiscos, proclives al desorden. Entonces se aceitan los, no tan sutiles mecanismos de la dominación e intervine la Organización de Estados Americanos (OEA), proponiendo la celebración de nuevas elecciones en el mismo terreno, con los mismos árbitros, dirigidas por los actores que aun cuando cambien de caras tienen las mismas intenciones malsanas y uno se pregunta ¿Volverá América a buscar la solución a sus problemas con el resurgimiento de grupos armados, guerrilleros urbanos o rurales?