Lo dicho y lo que faltó por decir

Con un recuento voluminoso de obras ya completadas, que están en marcha o en carpeta de su administración, el presidente Danilo Medina pronunció ayer su discurso de rendición de cuentas sobre el año 2017 que concluyó con mucho optimismo pero en notable contraste con la percepción que día a día mueve a mucha gente a carecer de confianza en el futuro y a formular múltiples reclamos de atención oficial para las situaciones que las afectan en el renglón de ingreso familiar, inseguridad en calles y hogares, precariedades a nivel nacional de la atención sanitaria, con altos índices de mortalidad que junto a otras realidades que no se resolverían de la noche a la mañana. Aunque las estadísticas del propio gobierno señalen un descenso de los homicidios, ello no bastaría para suponer que las autoridades se acercan a un control aceptable de la delincuencia y de la violencia en general.
Hechos concretos y diversos que se traducen en insatisfacciones que vistas de conjunto se elevarían como montaña. Al ser un discurso con declarada pretensión mayor de ilustrar sobre bondades y no mucho más, el primer mandatario no acertó a enumerar ni a describir con los tintes que la gravedad requiere los sucesos y situaciones pendientes de superar, ni a despejar el temor de que el endeudamiento externo pende como espada de Damocles aunque el país cumpla todavía en pagar.
En la comparecencia no se palpó el grado de preocupación que en amplios sectores generan la corrupción y la limitada reacción de la justicia ante casos como el de Odebrecht mejor enfrentado por otros países; ni fue convincente su descripción sobrevaluada de los avances alcanzados en transparencia y vigilancia sobre el manejo del patrimonio público.
Las inversiones en hospitales no desvirtúan la angustia que causa la prolongada disfuncionalidad de servicios con altos índices de mortalidad, sabiéndose que un mal desempeño en esos ámbitos ha tenido mucho que ver con los fracasos; y por tanto no se garantiza que con mejor equipamiento las cosas cambiarán. Las realizaciones son importantes, pero un enfoque más objetivo de los problemas también lo es, y los críticos aspectos del transporte y el desbordamiento de la inmigración irregular, resultado de la ausencia de controles fronterizos efectivos, llevan a dudar que a partir de ahora, y en función de nuevos esfuerzos pero con la misma gente y parecidos métodos, el país recuperará sus fronteras y superará el desastre del tránsito.


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