Lo que las olas de basura nos deben enseñar

MARIEN ARISTY CAPITÁN

El mar tiene días quejándose. Sin hacer ruido, sereno, ha ido trayendo toneladas de basura hasta las costas de nuestra ciudad para ver si aprendemos, de una vez por todas, qué sucede cuando el uso indiscriminado de plásticos se mezcla con la desidia en cuanto al manejo de la basura.
Aunque no es la primera vez que los residuos besan el litoral capitaleño, jamás había llegado una oleada tan enorme de basura: ¡las atoridades llevan veinte días recogiendo los desechos que la tormenta Beryl arrastró hasta el mar!
Las imágenes de ese desastre le han dado la vuelta al mundo, mostrando la cara más triste de nuestra falta de educación y conciencia. ¿Cuándo comenzaremos a trabajar en un plan para separar y reciclar la basura?
Por otro lado, ¿seguiremos dejando las fundas en las aceras, a merced de las lluvias, en lugar de colocar contenedores en las calles? La recogida a tiempo también es importante porque, aunque la basura llegó al litoral porque el puente flotante estaba abierto, los desperdicios acabaron en el río porque no fueron retirados oportunamente.
Esta experiencia debe obligarnos a ver todo lo que estamos haciendo mal para evitar que volvamos a vivir lo mismo.
El Ayuntamiento de Santo Domingo debe desarrollar, por ejemplo, un plan integral para que la basura deje de ser un problema grave para la ciudad. Pero los ciudadanos, por otra parte, tenemos que aprender a reducir la cantidad de plásticos que usamos y a botar los desperdicios de forma más racional.
Amén de las culpas, que no importan ahora, todos debemos actuar. Santo Domingo, evidentemente, lo necesita.