Lo que va de ayer a hoy

Tirso Mejía-Ricart

-Cuba, Venezuela y Estados Unidos-
América Latina no tiene con qué pagar a la revolución cubana, por el histórico despertar de la conciencia colectiva en 1959, acerca de la opresión política y económica que ejercían los Estados Unidos sobre la región, en nombre del anticomunismo.
Cuba hubo de soportar el aislamiento, agresiones y amenazas de todo tipo; pero también hubo improvisaciones y sectarismo en su gobierno que todavía limitan el desarrollo de ese hermano país. Con el tiempo, la realidad política y económica ha ido cambiando radicalmente en todo el mundo, particularmente en nuestra región.
Lo cierto es que el llamado socialismo real desapareció de Europa. Países como China y Vietnam tienen florecientes economías orientadas por el mercado aunque con restricciones para evitar los excesos de la explotación capitalista y tienen regulaciones que le permiten la transferencia de tecnologías. Cuba se abre poco a poco a la actividad privada, aunque el poder económico está hoy en día en manos de la alta oficialidad de sus fuerzas armadas.
En Venezuela, durante 40 años (1958-1998) se vivió un período democrático sin precedentes, si se compara con su pasado de dictadores y caudillos, que permitieron avances en aspectos culturales, sociales y materiales, que palidecieron por la corrupción y las marginación social de las mayorías en la participación de los extraordinarios beneficios de sus riquezas naturales, sobretodo el petróleo; lo que produjo un estado de frustración colectiva.
El surgimiento de Chávez y su República Bolivariana se debió a que el poder se concentró en este hombre, porque se rebeló a tal estado de cosas con una insurrección militar fracasada; para luego triunfar una y otra vez en elecciones democráticas. Introdujo cambios en la Constitución, en los programas sociales y la autoestima de amplios sectores de la población, al mismo tiempo que cobró influencia internacional ofreciendo petróleo con bajo financiamiento a diversos países del Continente, especialmente a Cuba.
Los Estados Unidos entretanto, con el gobierno de Jimmy Carter inició una política de distención con la Unión Soviética y a promover los derechos humanos a nivel internacional, que junto a dificultades económicas del bloque socialista determinaron la caída estrepitosa de éste al iniciarse la década de los 90.
Pero a estas alturas 2017, la Venezuela de Maduro, no tiene razón de ser y su pueblo no debe sufrir por más tiempo un régimen dictatorial que supera con mucho las limitaciones que padeció con la oligarquía Adeco-Copeyana que la gobernaba. Pocos creen que Estados Unidos sean los culpables de sus males actuales, ya que los sectores productivos están amedrentados de quienes controlan su economía.
Ahora, con los Estados Unidos bajo la presidencia de un hegemonista descontrolado como Donald Trump, que busca afanosamente dar una demostración de fuerza internacional que no implique el peligro de una guerra nuclear, existe la posibilidad de una invasión militar de ese país a Venezuela, con todas las nefastas implicaciones que esta tendría para todo el Continente.
¡Ojalá que prime el buen juicio y se produzca un diálogo que haga prevalecer las instituciones democráticas sin violencias ni exclusiones…! Es lo menos que debemos esperar para ese pueblo hermano, segunda patria de tantos dominicanos ilustres, entre éstos de nuestro Juan Pablo Duarte.


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