Lo tecnológico en primer plano

República Dominicana debe encaminarse con redoblados bríos hacia la masificación de la enseñanza de nivel técnico entregándose a la feliz iniciativa de transformar liceos públicos en centros para impartir oficios diversos que faciliten la integración a la vida productiva, una meta ya asumida con sentido práctico por el Ministerio de Educación y respaldada por “Acción Empresarial por la Educación” (Educa), comprometida con la calidad docente. Del bachillerato convencional egresan con frecuencia alumnos de preparación deficiente, de los que suelen quejarse las universidades. Acuden a la educación superior para hacerse de profesiones con las que luego pasan a competir por pocas plazas para un exceso de aspirantes, mientras el país se adhiere a nuevas tecnologías. Un desarrollo con nuevo perfil.

Un cambio vertiginoso en la forma de producir bienes y dar servicios quita espacio a lo convencional. Se simplifican y automatizan las operaciones. Sistemas de última generación que de manera creciente, y escalofriante, sustituyen a las personas. Las generaciones en ascenso tienen que caerle atrás a la modernidad absorbiendo las teorías y prácticas de nuevo cuño que la acompañan y que a su vez generan innovaciones en el mercado de trabajo. Los politécnicos en proyecto ofrecerían los escalones que se necesitan para ir al encuentro de un presente y un futuro que desafían a la colectividad.

Ser eficientes para exigir más

Si la muerte es evitable con aplicación de recursos a la mano, lo que falla es el desempeño. El servicio hospitalario dominicano necesita un golpe de efecto. Se cuenta con buenos profesionales en los centros pero la mala aplicación o ausencia de métodos y protocolos cuesta vidas. Está claro: para exigir atención de más nivel debe contarse con recursos y el presupuesto de salud dominicano es de los más bajos en la región y quizás en el mundo. Las autoridades de salud han emitido un reglamento para tipificar faltas y aplicar sanciones a personal de hospitales, que incluye una drasticidad que las compromete a ellas mismas a mayor eficiencia al proveer infraestructuras, equipos e insumos imprescindibles. Nada de médicos a “mano pelá”, siendo evidente además que de viejo ha faltado rigor en la supervisión que debe velar por la profesionalidad.