Lodo al 10%

Eusebio Rivera Almodóvar

Hubo alguien, aquí o en alguna parte del mundo, probablemente uno de esos “hombres de confianza” de algún jefe de Estado, dictador, emperador, príncipe, rey o presidente, que se inventó el 10% de “regalo” o gratificación por compras o ventas del gobierno al que perteneció, cuya característica principal era el sigilo con que se entregaba, sin papeles, facturas o recibos, pero que se quedó como costumbre al extremo de que los funcionarios, ministros o políticos no tenían que reclamarlo, porque quedaba sobreentendido que “les tocaba”, así como los preconcebidos márgenes de ganancia de los ingenieros.
Muchos empresarios y/o comerciantes que hacen negocios con el gobierno, “reservan” ese porcentaje, nunca reglamentado ni escrito en ninguna parte, para quienes les favorecen dentro del tinglado estatal con una negociación. Pero, como la ambición rompe el saco, según el refranero popular, ese 10% se ha ido al carajo y existen muchos porcentajes en muchas operaciones gubernamentales que incluye la “sacadera” de cheques y pagos que algunos funcionarios de mediana y alta categoría convierten en jugoso negocio que sube y baja el 10% hasta llevarse vidas de ingenieros desesperados por la falta de pago a sus cubicaciones.
El señor Ángel Rondón, intermediario reconocido y pagado por Odebrecht, declaró recientemente que la corrupción ha descendido porque ya se habla de 1 a 2% de lo que antes era el 10%; pero quien pontificó sobre esa práctica fue el senador Reynaldo Pared Pérez, quien llevó el porcentaje a su mínima expresión cuando lo comparó con el lodo, por lo que, desde su confesión, muchos dominicanos, viviendo en lodazales, todavía no saben qué hacer con toda la riqueza de su hábitat.