Los beneficios de la continuidad

En el periodo de gobierno de Salvador Jorge Blanco se crearon las bases económicas que permitieron cambiar de un modelo económico dependiente de la producción y exportación de azúcar a un modelo más diverso, tributariamente un poco más robusto y en alguna medida menos vulnerable a los shocks petroleros.
En la crisis política de 1990, Joaquín Balaguer tuvo que conceder reformas estructurales importantes, entre las que se encuentran el actual código laboral y la consolidación de la visión tributaria iniciada por su antecesor.
En el año 1996 tomó el poder el PLD, que dio continuidad a la mayor parte de las figuras impositivas que provenían de los gobiernos anteriores. Disponiéndose, ante el bloqueo congresual a las iniciativas impositivas más importantes, a reformas administrativas. En sentido general, aún con novedades trascendentes, hubo una continuidad en muchos aspectos de la política económica.
Igualmente ocurrió en el gobierno de Hipólito Mejía, a pesar de su retórica anti-peledeísta, aunque usó su mayoría congresual para reformas tributarias, lo hizo con las mismas figuras iniciadas en la década de los ochenta. Así, aunque todo presidente nuevo quiere diferenciarse mucho del anterior, la verdad es que la continuidad en RD explica mucho del crecimiento económico.
En los gobiernos de Leonel Fernández, en los que existió un acuerdo con el FMI se iniciaron reformas en el marco legal del sistema financiero, de la administración pública y de la administración tributaria, no hubo tampoco una verdadera ruptura con la continuidad de las mejores prácticas estatales. Todo intento de ruptura o di¡srupción de las políticas que se muestran razonables o efectivas han traído como consecuencia una crisis económica y un retroceso.
El crecimiento económico se da con la energía de empresas y trabajadores, pero con las correctas políticas de Estado. Muchas medidas y visiones sólo son posibles si hay la debida continuidad, eso que los sectores empresariales llaman las “reglas del juego” claras.
Algunos nos preguntamos si con décadas de crecimiento económico no deberíamos haber avanzado más en materia social, en derechos ciudadanos y en la eficiencia de la administración pública. Igualmente, en la tarea pendiente de la transformación de la matriz y modelo energéticos. La verdad es que, a pesar de décadas de crecimiento, y de innegable desarrollo, la velocidad pudo y debe ser otra.
En el actual período de gobierno, lo alcanzado en la transformación de las políticas de educación, el enfoque hacia el ciudadano como son la creación del Intrant o el servicio del 911, así como un modelo de inclusión social más allá de la ayuda puntual, como lo son banca solidaria, las ayudas presidenciales a las comunidades y la inversión en marcha de la transformación del sistema de salud tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo, busca cambiar la lentitud con la que el crecimiento económico se convertía en cambios sociales.
La continuidad de los presidentes, que al final de cuentas es un tema de votos, no debería ser el centro del debate. Lo que importa mucho más es enfocarnos en no llevarnos entre las patas lo alcanzado. Responder qué es lo que hace un gobierno que merece la continuidad es mucho más importante que desangrarnos en el debate sin solución de si hay o no reelección, como si la continuidad no explicara mucho de nuestro progreso… aunque queden temas pendientes.