Los boricuas celebran el regreso de la electricidad

En esta imagen, tomada el 12 de julio de 2018, Joselyn Torres, de 17 años (derecha) mira a su hijo recién nacido en su casa, sin electricidad desde el paso de los huracanes Irma y María, en Adjuntas, Puerto Rico. Torres y su esposo, Steven Vilella, de 20 años, esperan el regreso de la electricidad aunque como muchos otros temen que este regreso a la normalidad pueda ser breve. (AP Foto/Dennis M. Rivera Pichardo)
En esta imagen, tomada el 12 de julio de 2018, Joselyn Torres, de 17 años (derecha) mira a su hijo recién nacido en su casa, sin electricidad desde el paso de los huracanes Irma y María, en Adjuntas, Puerto Rico. Torres y su esposo, Steven Vilella, de 20 años, esperan el regreso de la electricidad aunque como muchos otros temen que este regreso a la normalidad pueda ser breve. (AP Foto/Dennis M. Rivera Pichardo)

Por fin una noche con algo que celebrar en este pueblo en el centro de Puerto Rico. Los residentes presionaron los botones del control remoto de sus televisores, encendieron ventiladores y enchufaron refrigeradores aprovechando que la electricidad volvía a sus casas por primera vez desde que 2 huracanes arrasaron el territorio hace casi un año.
La luz regresa lentamente a más de 950 viviendas y negocios en áreas de difícil acceso. En algunos casos, los equipos de reparación tienen que cavar hoyos a mano y escalar empinadas laderas para llegar a los postes eléctricos dañados, que son trasladados uno a uno en helicóptero.
Es una labor lenta que se ha demorado casi dos meses desde la fecha en que las autoridades prometieron que todos tendrían energía eléctrica. Y aunque los televisores vuelven a brillar en la noche y gente como el repartidor Steven Vilella, de 20 años, puede volver a saborear sus platos preferidos (gambas y helado Rocky Road), muchos temen que este regreso a la normalidad pueda ser corto.
Los problemas en la compañía eléctrica y los recientes vientos y lluvias que dejaron a decenas de miles sin servicio al inicio de la temporada de huracanes los tienen preocupados. “Si llega a pasar otra tormenta, nos morimos. Aquí ya no queda dinero”, dijo Marta Bermúdez, de 66 años, que todavía tiene una lona azul sobre el tejado de zinc de su vivienda. No cree que el gobierno tenga recursos para reconstruir debidamente la red eléctrica insular ante una recesión de 11 años. Sin embargo, tras la vuelta de la electricidad a su casa, celebró no tener que limitarse a una dieta basada en arroz, plátano y sopa ni tener que lavar la ropa a mano.