Los crímenes se pagan tarde o temprano: luz de justicia en El Salvador!

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El 16 de noviembre de 1989, en plena madrugada apareció en la residencia Jesuitica de la Universidad Centroamericana (UCA) de San Salvador un Comando militar con orden superior de fusilar sin contemplación a todos los jesuitas residentes en esa casa, incluyendo a la servidumbre (madre e hija). Eran momentos claves de negociaciones entre el Frente Farabundo Martí y el Ejército.
Todos estos jesuitas eran mentes brillantes formados en las mejores Universidades europeas y norteamericanas, cuya cabeza era el Padre Ignacio Ellacuria, S.J.. La mayoría eran españoles que llegaron al Salvador y Centroamérica como novicios misioneros para reforzar las obras que se abrían en Centroamérica como colegios, universidades y Pastoral Social y Comunitaria.
Todos fueron sacados al patio con orden de tirarse al suelo boca abajo y de inmediato fusilados.
Sin duda alguna fueron mártires de la Iglesia de Cristo, ya que el motivo básico de sus muertes radicaba en un odio visceral a la labor de Justicia y Fe cristiana que predicaban de palabra y obras. Naturalmente, esos martirios en momentos de luchas políticas y guerras civiles, se complican a nivel de la Comisión de alto nivel de la Iglesia Católica que examina la Causa de los Santos, pues hay que separar con pinzas los diferentes factores que influyeron en la muerte de cada uno de los actores.
Eso mismo ha sucedido en casos de la Guerra Civil española y en el fusilamiento del Padre Pro, S.J. y otros en México en la Revolución mexicana durante la encarnizada persecución religiosa de Calles, y otros muchos casos más en diferentes conflictos bélicos del mundo donde han estado involucrados católicos y cristianos (laicos y religiosos).
La decisión del gobierno norteamericano de extraditar al ex-militar salvadoreño Orlando Montano a España capturado estado residiendo fraudulentamente en Boston desde el 2001, genera la esperanza de que este ex-militar que dirigió uno de los batallones más sangrientos que combatió al FMLN y a simpatizantes de cambios sociales profundos en El Salvador, recibirá la condena que merece en un país donde la Justicia es justa, independiente y funciona. España y la Iglesia salvadoreña habían reclamado justicia desde el mismo momento del crimen.
Para mi y los mios, este grupo de mártires representan, casi se puede decir, a miembros de mi familia, ya que el Padre Ignacio Martín Baro, S.J. fue mi compañero de Noviciado en El Salvador durante los años 1961-1963, y los demás (6 o 7 años mayores que Martín Baro) fueron compañeros de mi hermano jesuita ya fallecido en 1979, el P. Juan Manuel Montalvo Arzeno, S.J., mientras compartieron la época de estudios superiores, tanto en el Ecuador como en Europa, incluyendo al Padre Ignacio Ellacuria, S.J.