Los cuatro enemigos del amor

“Tu tarea no es buscar el amor, sino simplemente buscar y encontrar todas las barreras dentro de ti que has construido contra él.”

Rumí

Las relaciones que sostenemos son una especie de laboratorio en el que experimentamos la rendición al Espíritu. Como una computadora universal gigantesca, el Espíritu sabe exactamente qué energías combinar, y en qué contexto exacto debe acontecer la relación para que el plan de reunir todas nuestras partes perdidas sea realizado.

Existe una relación recíproca entre relaciones y bienestar. El bienestar es una medida de satisfacción que acompaña a la persona que ha logrado contactar su propio amor, por lo que no puede ser amenazado por las circunstancias. Quien se ama a sí mismo, tiene relaciones saludables con los demás. Las personas que tienen buenas relaciones son carismáticas, porque siempre encuentra algo en común con los demás.

El erudito prusiano Karl Wilhelm Von Humboldt, uno de los fundadores de la Universidad de Berlín, creía que en el fondo son las relaciones con las personas lo que da sentido a la vida. Cualquier logro que nos separe del bienestar en nuestras relaciones sale demasiado costoso.

Cuando sintonizamos con el Espíritu, ningún encuentro es accidental. Todas las relaciones tienen sentido. Si, leíste bien “todas las relaciones” sin ninguna excepción. Una de las canciones de la obra teatral “Los miserables” dice que amar a otra persona es ver la faz de Dios.

Entonces, ¿qué nos impide conectar con el amor? ¿qué nos impide ver el rostro de Dios en los demás?

En sus libros, el antropólogo peruano Carlos Castaneda comparte la sabiduría de un chamán al que él llama “Don Juan”, que dice debemos vencer cuatro enemigos que nos separan de la experiencia amorosa que proviene del espíritu.

1er enemigo: El miedo.

Uno de los miedos más grandes es ¿Qué dirán de mí? Cuando nos movemos desde cuidar la imagen, renunciamos a la autenticidad que viste al amor. Este miedo va más allá de la muerte. Muchas personas, viven para dejar un legado que les permita ser recordados. El ego busca reconocimiento, y de esta manera nos mantiene presos de aquellos que continúan pensándonos.

2do enemigo: La claridad.

Creer que sabemos nos estanca en una muerte anticipada. La vida no se detiene, ella va más lejos; hacia lo nuevo y hacia lo grande. Si seguimos el movimiento de la vida, podemos decir que hemos vencido el enemigo “claridad”. Al vencerlo, podemos ganar de muchas maneras.

3er enemigo: El poder.

Para muchos, renunciar al poder es una tarea difícil. Implica ceder el control y la necesidad de desarrollar más fuerza. Quien llega a esto, alcanza el estado de dicha. El que ha superado el poder vive despreocupado, sin ansiedades porque está guiado -y llevado- por fuerzas muy potentes que le sobrepasan.

4to enemigo: La necesidad de paz.

En todo lo existente actúa el Uno, siendo a la vez lo Último. En el vínculo con esto Último, estamos conectados con todo a la vez, en resonancia con todo y unidos. Y sin embargo, ya que cada uno está directamente conectado a lo Último, se encuentra solo consigo mismo. Está conectado y autónomo, ambas cosas en la misma medida. Entonces, aprendemos de los otros e intercambiamos, sin que nadie ejercite poder sobre otro. Sólo lo Último ejerce poder, un poder benevolente, un poder amoroso.