Los destellos de José Santos Taveras

El libro que puso en circulación mi amigo y condiscípulo José Santos Taveras con el título “Destellos de un largo viaje”, transcurre por los vericuetos de las finanzas públicas cuando fue de sus protagonistas, también es su autobiografía que salpica con ficción, de ahí su maestría expositiva. Construye su mapa genealógico desde el nacimiento de la Segunda República en 1866 y surgimiento de Gregorio Luperón como nacionalista y continuador de las ideas de Juan Pablo Duarte.

Con honestidad y humildad narra cuestiones para las que la historiografía no tiene tesis dominantes, por eso el capítulo 3 deberá convertirse en lectura obligada para los estudiosos de la historia bancaria del último cuarto del siglo XX. Se aproxima al conocimiento de un pasado claroscuro, limitado como alude Keith Jenkins en Repensar la Historia (P. 7), porque “pasado” no es lo mismo que “historia”, lo primero probablemente nunca se llegará a saber y lo segundo es un discurso. Desde que se avanza en el texto nos damos cuenta de que el de José no es otro discurso entre muchos, logra extraer de su memoria informaciones inéditas que tienden a explicar el tejemanaje alrededor de la fusión Baninter-Bancomercio.

No tiene desperdicio la explicación de cómo un pequeño banco, con poco capital y sin costo alguno, logra multiplicar varias veces sus activos al sumar el segundo o tercer banco del sistema, se le entrega la cartera saneada, la mala asumida por el Banco Central. Aunque se trata solo de una parte importante de lo sucedido, nadie nunca recobra la totalidad, lo plantea Lowenthal en El pasado es un lugar extraño (1995), no es paja de coco lo que ahora sabemos por José.

Es material para cineastas lo que cuenta sobre el torpedeo a su gestión en el Banco Central de parte del equipo político del Presidente Jorge Blanco; confirmo, como testigo y víctima, que es fiel a los hechos. No obstante cumplió su responsabilidad, lo atribuye en parte al apoyo y lealtad institucional de Héctor Valdez Albizu, Director del Departamento de Estudios Económicos, y Arturo Martínez Moya, Subgerente Técnico. Lo confirmo, porque lo supe en su momento, el Presidente Jorge Blanco lo llamó a su despacho y le ordena que cancelara a Arturo Martínez Moya, logrando que desistiera a pesar de mostrarse iracundo.

Como toca el tema por primera vez comento lo que registra la prensa de la época; al Presidente le molestaba, al igual que al Superministro a que se refiere José, mi amistad con el Lic. Jacobo Majluta. Además, siendo Senador del Distrito Nacional, en su imaginario construyó una causa de causas como dirían los historiadores, para luego, siendo Presidente, explicarse su actitud conmigo, la que no cuento por falta de espacio. También responde a los hechos que el sustituto de José, de los que afanosamente buscaron su cargo, introduce la lucha política en el Banco Central ofertando mi cancelación a los responsables de su nombramiento; lo hizo, no obstante el voto firme y contrario de miembros de la Junta Monetaria del sector privado que defendieron la institucionalidad.

Hay que leer las ráfagas de José para entender cómo temas puntuales marcan la historia económica dominicana en un periodo políticamente convulso.


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