“Los dos son peores”, parte II: Contra la manipulación y la ingenuidad

Tirso Mejía-Ricart

La aprobación de la ley 33-18 Sobre Partidos Políticos, Agrupaciones y Movimientos Políticos ha desatado escarceos de analistas políticos, y de “bocinas” del peledeísmo, con comentarios que oscilan entre el infantilismo y la manipulación política, pero que coinciden en culpabilizar al Partido Revolucionario Moderno por dicha ley, porque supuestamente ésta beneficia al oficialismo.
1) Por de pronto cabe aclarar que la ley 33-18 no fue un triunfo del oficialismo, puesto que en ausencia de esa legislación ha sido su Comité Político, más restringido que su Comité Central, el que ha decidido las candidaturas del PLD, incluso que manteniendo intacta la dirección de ese partido, desde el 2002, sin ninguna consulta a la militancia. Con la mayoría oficialista en las cámaras, el PRM logró que sus dirigentes y candidaturas puedan ser elegidos con su propio padrón, sin la influencia de los beneficiarios de programas sociales del gobierno ni de militantes de otros partidos ajenos a sus principios, y también reducir la voluntad de sus cúpulas.
2) Resulta infantil suponer siquiera que a través de una Ley de Partidos Políticos pueda detenerse un intento de reelección del danilismo por encima de instancias las constitucionales y del poder corrupto del oficialismo.
3) El PRM logró también con la ley 33-18 que se reconociera igual a la potestad de todos los partidos de elegir sus candidatos; pese a que éramos partidarios de que los partidos mayoritarios escogieren sus candidatos en primarias con padrón cerrado. Incluir las encuestas expone a la relación de la democracia.
4) No es cierto que esta ley se lleva de encuentro la concentración opositora. Antes el PRSC la había apoyado, la Alianza País ni el FNP han dado muestras nunca de querer alianzas con el PRM, y en menor grado tampoco la Alianza País (AP) ni Opción Democrática (OD). La rechazaron en el 2016 y han sido muy tibios después en su disposición para esto. Las críticas en ese sentido son infundadas.
5) Además, las elecciones primarias eliminarían de hecho el voto preferencial, y tiende a desaparecer el canibalismo político en que ha derivado este tipo de voto.
6) Calificar de estupidez la decisión del PRM de proteger su supervivencia y la Ley de Partidos, sin perjudicar a ningún grupo, y que pone bajo la responsabilidad única del PLD resolver sus contradicciones internas, es cuando menos una ingenuidad. Esto indujo por de pronto a que el dirigente leonelista Franklin Almeida dijera paladinamente, que por la posición del PRM, habría que gestar sus propia fuerza dentro de su propio partido…
7) Para nosotros, como debe ser para la gran mayoría del pueblo, entre Danilo y Leonel los dos son peores, porque ambos significan el continuismo, la corrupción y el suicidio económico a plazo corto; es más de lo mismo, y lo demuestra simbólicamente la persona que es al mismo tiempo Vicepresidenta de la República de uno, esposa del otro y aspirante a sustituirlos.
8) Lo que todos los demócratas dominicanos deben saber que necesitamos construir un frente anticontinuista para constituir un gobierno decente, innovador y progresista, con figuras que no estén ligadas a los corruptos o caudillistas del pasado y que tengan algo que aportar al país, independientemente de su bandería política actual.