Los elefantes y el tránsito vehicular

Rafael Acevedo

¿Cómo se meten cinco elefantes en un VolksWagen? Un chofer de concho, sin vacilar, “mete uno alante y cuatro atrá”, como suele maltratar a sus pasajeros machos y hembras, gordos y flacos.
Porque no se acaba de comprender la magnitud de la violencia del problema del tránsito y el transporte; que es más sociológico y político que de tipo técnico y legal. No una mera cuestión de rectificar trazados y leyes de circulación, o de sacar un número de chatarras de la circulación.
En general, el subdesarrollo es una problemática compleja y conflictiva escenificada entre realidades duras y aspiraciones descontroladas; entre lo real y lo posible, entre la normatividad técnica y legal y la práctica del día a día. De fondo tenemos la profundización de la deuda externa (eterna), especialmente porque contrario a los países que han emprendido las estrategias del desarrollo, tenemos un modelo de endeudamiento no reproductivo, que hace cada vez mayor la brecha entre la deuda y nuestra capacidad de financiarla.
Nuestras ciudades se llenan de novedosas formas de desemtpleo disfrazado, gente inventando y buscándosela a como dé lugar. Llenándose las calles de vehículos con solo un pasajero, y de chatarras que posiblemente consumen en combustible más de lo que aportan a la economía.
De fondo, la corrupción y el clientelismo son formas subdesarrolladas de solución que reproducen problemas muchos más complejos. Los poderosos se apropian del Estado, mientras los pobres, padres de familia, roban aceras y áreas públicas; los del ayuntamiento no se atreven a mirar para allá.
Expertos de Curitiba recomendaron organizar las vías, pero el gobierno, más sabio aún, determinó que había que dejar todo así y resolver con un subterráneo. Los del subterráneo previeron un sistema de vehículos de tiro corto (shuttles) que alimente las estaciones del subterráneo; pero eso no procede, alegan otros, porque les disminuiría el ingreso a los motoconchistas. Además, por qué no un bonito sistema de funiculares.
Las esquinas están congestionadas porque se mantienen paradas y estacionamientos de motoconchistas y taxistas violando las leyes. Cada amet sale a la calle con su propia agenda casuística, aleatoria y medalaganaria. Haciendo un papel penoso, particularmente cuando sudan como bestias a pleno sol, ayudando, ciertamente, a que la cosa no sea peor.
Poco logran las autoridades en cuanto a mejorar la circulación, mientras los patrones del caos se reinventan y redefinen cada día, con formas cada vez más atrevidas. Los agentes se vengan contra la falta de respeto: Les colocan multas igualmente a depredadores y a gentes decentes, y los humillan obligándolos a filas interminables en buhardillas.
Mientras, las ciencias del espacio y la circulación vial han enseñado que los espacios viales deben ser estudiados como casos y como parte de sistemas; y que una ciudad, mientras se procura cómo remodelarla, debe reeducar sus gentes y sus agentes, separando la acción punitiva de la direccional; preparando a cada agente para ser un proveedor de soluciones viales ad hoc; teniendo muy presente que las calles son parte y escenario del paquidérmico conflicto social del subdesarrollo.


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