Los enemigos de Haití, ¿son nuestros amigos?

Los enemigos de Haití se confunden y tratan de confundir al pueblo dominicano y a la comunidad internacional con su raído sentimiento nacionalista desatado por la aberrante sentencia del TC.

Estos nacionalistas “patriotas de viejo y nuevo cuño”, en su afán disociador, identifican al pueblo haitiano y particularmente a la corriente migratoria, laboriosa y empobrecida, con sus gobiernos despóticos, indolentes y explotadores, la más de las veces en estrecho contubernio con gobiernos dominicanos, la clase oligárquica elitista y la pequeña burguesía trepadora, sacando de esa condición mutuo provecho. Identifican la soberanía con el problema migratorio, no con la nacionalidad, cuestión que rehúyen discutir desde la óptica constitucional y los derechos humanos.

Los nacionalistas a ultranza demuestran desconocer la patriótica Acta de Separación de Haití de los trinitarios que protege la igualdad, los derechos civiles y políticos “sin hacer distinciones de origen o de nacimiento”, que recoge el luminoso pensamiento político del Patricio cuando “inculca a sus discípulos la idea de la unidad racial, reconociendo que la nación dominicana se había estructurado a raíz de la mezcla de aportes étnicos distintos, fundamentalmente de africanos y europeos, dando origen a una mayoría mulata”. Entiende “que el pueblo debía asociarse en una nación basada en la igualdad donde no hubiera privilegios por razones de castas y de color”. Estaba convencido de que “uno de los problemas que había que erradicar para lograr la integración de todos los dominicanos, era el problema racial, el cual mantenía dividido a la nación…” tal como acontece ahora.

En el alma de Duarte, como en Bosch, no existe cabida para el odio racial. Lograda la independencia, declara su admiración “por el valor y el amor a la libertad de ese pueblo.” Ilustres pensadores y políticos dominicanos han deformado ese sentimiento creando la confusión, alimentando la ignorancia en el propio negro o mestizo criollo que siendo víctima de tal prejuicio, discrimina como el que más. Esos notables ultra nacionalistas propiciaron el golpe de Estado contra el gobierno liberal y democrático del profesor Bosch y batieron palmas cuando las fuerzas interventoras violaron nuestra soberanía para frustrar el movimiento constitucionalista y patriótico del 24 de abril.

Las naciones llamadas amigas de Haití, nunca lo han sido. Tampoco nuestra. Atienden solo a su designio imperial, la voracidad del capitalismo deshumanizado. Haití no tiene nada que ofrecerles. Sigue siendo esa masa amorfa de negros salvajes, haraganes e ignorantes que se independizó de Francia destruyendo su más rica colonia de ultramar, fundamentada en la esclavitud, el maltrato y la explotación.

Norteamérica no se explica el anti imperialismo imperante en esa población desamparada, militarmente intervenida (1916-1934) prometiendo paz y progreso y dejando sólo desolación y muerte, dictaduras y gobiernos podridos. Tampoco la jerarquía católica sectaria e intolerante, que niega la libertad de cultos y sataniza la religión abrazada por seguidores del Vudu: “Espacio de lucha, de resistencia, de integración e igualdad que hizo posible su independencia y tomó forma de vida, una creencia para sobrevivir, que le da a sus creyentes lo que le niega la sociedad: vivir en paz, en igualdad y libertad. Realizarse como seres humanos”.