Los hijos del diablo (2)

Eusebio Rivera Almodóvar

En la lucha del “bien” contra “el mal” nuestra íntima convicción es la que inclina la balanza. Haciendo un mosaico de numerosos episodios que mis años me han permitido ver en el cine, la televisión, los periódicos, libros, revistas y en vivo, he fabricado la historia de un enfrentamiento de un hijo del diablo con un hijo “de nadie”, esos personajes denominados “héroes” o “súperhéroes” cuyos poderes son asombrosos, cuyo ego no permite la presunción de que alguien los haya creado y al cual le tocó la tarea de rescatar a dos indefensos niños en manos de un súpervillano despiadado y sanguinario que, después de vencerlo le dijo: Contigo voy a dar un ejemplo a los hijos de Dios; te voy a arrancar ambos brazos, ambas piernas y la cabeza frente a una cámara de televisión para que el mundo vea que Dios no existe, a lo que el héroe contestó: Conmigo no darás ningún ejemplo porque yo no creo en Dios; respondiéndole el hijo del diablo: Si vives salvando a humanos indefensos, eres más creyente que los que lo confiesan; por eso mi placer será mayor al descuartizarte.
Terminado su horroroso acto, llegó una brigada de rescate y salvó a los niños y ya apresado, el hijo del diablo gritaba desconsolado al enterarse de que al cuerpo desmembrado del héroe le extraerían seis órganos para trasplantarlos a igual número de personas para que pudieran seguir viviendo con normalidad, porque el héroe contactó al hospital para donarlos, si perdía la vida en el enfrentamiento; una clara señal de que, aunque no te proclames hijo de Dios, puedes ser instrumento de su obra.


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