Los inevitables desafíos de la Convergencia

La Convergencia ha sido la automática e instintiva respuesta que han dado los sectores que la configuran a sus particulares circunstancias. Para el PRD mayoritario, constituye una alternativa al control que sobre esa colectividad tienen los dos principales dirigentes del PLD por medio Vargas Maldonado, para los otros grupos la única manera de impedir, mediante un sólido frente opositor, que este último partido solidifique definitivamente su sutil pero efectiva forma de dictadura.

Ese intento articulador es válido, aún en su fase instintiva, constituye la única manera mínimamente efectiva de enfrentar el afrentoso monopolio del poder peledeísta y afrontar con un mínimo de decoro las próximas elecciones presidenciales, municipales y congresuales. Sin embargo, en política no debe cultivarse el gusto por lo mínimo, porque con lo mínimo nunca se logra producir cambios sustantivos, que es a lo que debe aspirar de todo aquel que hace política.

En la Convergencia convergen grupos de diversas matrices ideológicas, políticas y culturales, los cuales de manera esencialmente bilateral tienen relaciones con el PRD mayoritario, ampliamente mayoritario en la Convergencia, en el cual conviven diversos grupos y singulares personas de tendencias clientelares y sin real vocación de servicios. En términos discursivo, los principales líderes de ese grupo dicen querer romper con esas viejas y nocivas tendencias, pero son débiles las señales de que la mayoría que lo integra haya interiorizado ese discurso.

En se sentido, para la producción de ese cambio de mentalidad, por mínimo que sea, los demás grupos que convergentes tienen un papel crucial. Pero, para eso éstos tienen que establecer unas relaciones entre ellos que les permita definir colectivamente una forma unitaria de relacionamiento con el PRD mayoritario para poder incidir realmente en ese grupo, sobre todo en sus principales líderes, para de cara al futuro limitar al máximo las tendencias negativas que esa colectividad podría tener.

Es imprescindible que los sectores minoritarios que integran la Convergencia forjen su unidad, no para el sectarismo, sino para ser contrapeso a las eventuales veleidades de algunos sectores del grupo mayoritario. Sólo así podrían tener el necesario peso específico para incidir realmente en el proyecto de sociedad mínimamente inclusivo, basado en la institucionalidad democrática, que la Convergencia plasme en sus documentos y en la representatividad de estos en las diversas instancias del Estado en que se construiría ese proyecto.

Pero no sólo debe forjarse la unidad entre ellos, sino con sectores políticos, que como la Alianza País, son referentes claves, con la sociedad civil y con sectores productivos. Para fines electorales, el sector PRD mayoritario constituye la fuerza determinante de la Convergencia, pero si los otros grupos que la configuran se mantienen divididos y débiles, aquel sector, conscientemente o inconscientemente, haría que esta se convierta en el PRD “de otra manera” y conocemos la mala percepción que tienen esas siglas en importantes franjas de las capas medias de los centros urbanos claves.

Con aliados débiles no lograrán superar esa percepción ni crear el movimiento que logre cerrarle el paso a una corporación como el PLD. De la constitución de una sólida unidad de esos sectores, dependerá que la Convergencia se convierta en real proyecto de cambios sustanciales.