Los inicios con China Popular

La lejana y poderosa China ha entrado con grandes expectativas al ámbito de los vínculos de República Dominicana con el exterior abriendo posibilidades de ensanchamiento en el comercio y la cooperación bilaterales. La suscripción de recientes acuerdos entre los dos países expresa, más que nada, intenciones y planteamientos de posibilidades para lograr beneficios hacia ambos lados. Luego tendría que venir el examen cuidadoso por el Congreso Nacional en el marco de un debate en el que participen diversos y legítimos intereses locales y líneas de pensamiento sobre la conveniencia o no de ratificar los lazos esbozados en la visita de Estado o ajustarlos con sentido práctico en sus detalles. En lo esencial el país ha dejado de inhibirse ante la realidad de que China está lanzada con sus potenciales de orden económico hacia una amplia integración con el resto del mundo y su agenda en ese sentido crea oportunidades que deben ser aprovechadas por América Latina con decisiones y estrategias que en nada comprometan derechos soberanos ni conduzcan a subordinaciones diplomáticas o políticas y así permanecer al margen de enfrentamientos entre potencias.

El Gobierno dominicano, que ha estado expuesto a críticas y a gestiones diplomáticas de disuasión por sus pasos hacia el protagonismo asiático, deberá preservar de confusiones y riesgos el camino tomado con la meta de ganar con firme equdistancia.

Destrucción que trae retroceso

Los Estados crean reservas y santuarios en sus cordilleras y bosques llenos y delimitan zonas verdes en las ciudades con la intención de proteger recursos naturales de unas vez y por todas. Colocan hitos infranqueables para una relación de armonía y respeto entre los humanos y la naturaleza. Los estratégicos cotos de especies vegetales de Santo Domingo Este son parte de una trascendente e ineludible agenda, emprendida años atrás, para refrenar los daños del proceso urbanizador que devora ámbitos de la flora. Mancillar el parque del Este para congestionarlo de operaciones de transporte, en contradicción con conceptos ambientales y con la comunidad de su entorno, atropella la mística de preservación que es de rigor en estos tiempos de constantes agresiones a recursos imprescindibles para la vida. Una acción unilateral que debe detenerse.