“Los muchachos del Memphis”, un cuento sobre temática deportiva del talentoso escritor Pedro Peix

El narrador y ensayista dominicano Pedro Peix, ido a destiempo hace tres años, ganador del Premio Nacional de Cuentos en 1977, entre otros importantes galardones, dejó una obra vanguardista de altísima calidad que lo sitúa entre los escritores dominicanos más prominentes. Una de sus aclamadas creaciones es su cuento “Los muchachos del Menphis”, que describe a un grupo de jóvenes de la capital en un juego de pelota frente al mar, que de repente ven como un “fantasma monumental” un barco que viene por encima de las aguas, en dirección del campo de juego.
Entre los muchachos del equipo, el personaje central es Polanco, el Ciguapo, primera base, quien en la introducción describe el episodio de la manera siguiente: “Yo, que corro igual de espalda que de frente, me quedé con el madero al hombro, boquiabierto, sin sentir siquiera el pelotazo en la cabeza. El barco venía por encima de las aguas. Nadie corrió ni se movió de su posición. A lo lejos el mar estaba poblándose de náufragos, mientras nosotros permanecíamos con los guantes en las manos, buscando otro cielo donde jugar”.
El texto está ambientado en la década de 1920 en tiempos de la ocupación norteamericana. El crítico Miguel Angel Fornerín afirma que “es otra obra importante de Pedro Peix, por ser una bella crónica de la juventud y su pasión por el béisbol, traído e impulsado por la modernización estadounidense. El Memphis naufragó- agrega-frente al Placer de los Estudios, antes de Harry Shepard Knapp pronunciar su infame proclama que echó por tierra la república restaurada.
Explica que el cuento plantea la presencia de un discurso en que aparece la juventud capitalina, en una actitud lúdica no intervenida por la lucha política, pero con la presencia de una metáfora de la historia contemporánea. El historiador Orlando Inoa define a Peix como “Escritor impecable” y sobre Los muchachos del Menphis sostiene que es suficiente para ganarse las palmas de un nicho distinguido en el parnaso de las letras dominicanas.
Los demás personajes del relato, ganador del Premio Casa de Teatro en el 1986, son: Cansen, el Niño Manco, jardinero central; Ravelo, la plaga, tercera base; Tancredo Rondón, el Ñoño, jardinero izquierdo; Mustafá Rancel, el Turco Midas, paracorto; Lupo Navarro, el Soñador, lanzador; Celso Pumarol, el Guayo, segunda base; Negro Benitez, el Plebe, jardinero derecho; Benjamín Ogando, la Guinea, receptor; Lepe Lizardo, la Flecha, taponero; Camarena Son, el Bayby, entrenador; y Salcedo de Jesús, Zicote, cargabates.
Después de la incursión de los muchachos dentro del barco en zozobra, estaría repleta de situaciones contradictorias y extrañas conductas, incluso la aparición de una supuesta sirena que a la postre resultaría ser una puta de El Matadero. El autor narra que el Memphis pasó veinte años varado en el mar. Nunca terminó de hundirse ni nadie se ocupó de desencallarlo; ni siquiera el día en que se fueron los infantes de marina se molestaron en removerlo. La gente que pasaba por el malecón lo veía emproado y desnudo como un negro cascaron semoviente. Con el paso de los años se había convertido en una madriguera de rateros, en un escondrijo de chulos y proxenetas.
El autor de esta entrega compartió afectos con Peix (1952-2005) desde cuando eran compañeros de clases en la escuela de derecho de la UNPHU, en la década de los 70; en aquellos días dando una impresionante demostración de precocidad escribió la novela de iniciación “El Placer está en el último piso”, con apenas 19 años de edad, presagiando el escritor que años después llegaría a ser con relatos y novelas tan notables como Los Hitos, Pormenores de una servidumbre, Las locas de la Plaza de los Almendros, El Brigadier, Los Despojos del Cóndor, y La Narrativa Yugulada.
Con razón, el laureado escritor e intelectual Andrés L. Mateo, tras su sorpresiva muerte a causa de un infarto, dijo: “considero que el escritor no sólo se preocupó por el dominio de la lengua, sino por los elementos formales. Fruto de su trabajo recibió numerosos reconocimientos, pero nunca obtuvo el Premio Nacional de Literatura, el cual merecía.”