Los orígenes de la TC 168-13

Definitivamente, el presidente Medina es prisionero de la telaraña que él mismo contribuyó a tejer en los años 90 para formar el denominado Frente Patriótico en 1996 con los sectores de la caverna política dominicana que condujo el PLD hacia el poder. De esa caverna surgió la idea de la sentencia TC 168-13, la cual en los últimos ocho meses ha devenido en la ciénaga donde se está anegando la imagen de este país, el futuro de su economía y el futuro político del presidente.

Muchos hemos dicho que ese cenagoso dictamen no fue un simple juego del azar, sino el resultado de la conversión del PLD en la fuerza política/económica hegemónica del bloque conservador dominicano integrado y solidificado ideológicamente por un amasijo de sectores de la rancia oligarquía dominicana, del clericalismo y del neotrujillismo. En tal sentido, la referida sentencia constituye una de las nefastas consecuencias que para este país ha tenido la formación del referido frente.

En septiembre de 1994, luego del fraude electoral contra Peña Gómez, publiqué un texto donde planteaba que las coincidencias discursivas y políticas entre el PLD y los sectores reformistas y conservadores de la sociedad dominicana en las décadas de los 80-90 se convirtieron en una “táctica, (que) de hecho, galvanizaría el diseño del nuevo bloque conservador, reforzado ahora (entonces) con el minúsculo grupo de los falsos nacionalistas, insufladores de la xenofobia y de la bestia del racismo subyacente en algunos sectores de la sociedad dominicana”.

De esas coincidencias, decía, surgió el frente “ideológicamente necesario para la salud de la patria”, el cual actualmente se expresa a través de las concepciones del nacionalismo xenofóbico de la caverna política dominicana que se encuentra dentro y fuera del PLD, amalgamadas con las grandes fortunas amasadas por su alta dirección durante 14 años de ejercicio del poder.

En tal sentido, esa argamasa política, ideológica y económica, hegemonizada por el PLD, constituye la razón fundamental por la cual Danilo Medina no ha podido darle salida al principal problema del país y de su gobierno: la sentencia TC 168-13. Es una confluencia de intereses demasiado fuertes, tanto, que en aras de mantenerlos son capaces de llevar al país a su completo aislamiento internacional y a su estrangulamiento económico, que es hacia donde apunta la acción de organizaciones y organismos internacionales que la rechazan.

La incertidumbre en que vastos sectores sociales tienen sobre su futuro, determina que busquen seguridad en los estrechos linderos de sus territorios. En el racismo y la xenofobia, que están en auge en el mundo, creen encontrar esa “seguridad”. Sin embargo, en los organismos internacionales y en los sectores más responsables de los medios de comunicación se profundiza aún más el rechazo hacia esas actitudes. En ese contexto, la aplicación de una sentencia de esencia racista y xenófoba, como la TC168-13 difícilmente pueda ser viable a largo plazo.

Eso lo sabe el presidente Medina, prisionero hoy de la madeja conservadora que contribuyó a tejer a mediados de los años 90. También lo sabe un determinante sector empresarial igualmente prisionero de esa madeja, del chantaje y tremendismo verbal de los defensores de la sentencia.


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