Los perfiles de la violencia de género

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Cuenta un amigo, que en sus años mozos, por allá por los 60`s, sus colegas y él elaboraron una herramienta llamada “noviograma” que era una especie de test para saber si una persona reunía los requisitos para ser su pareja. En realidad, ellos lo hicieron en forma de broma, pero qué útil sería contar con un instrumento similar, avalado por psicólogos, psiquiatras y cuantos especialistas de la conducta fuese posible, que alertara a las mujeres cuando inician una relación con un potencial feminicida.

Y es que independientemente de que cada caso puede tener sus particularidades, bien es cierto que entre los victimarios, como entre las víctimas, hay ciertas similitudes que se pueden identificar como rasgos generales a fines de prevención.

Precisamente con este objetivo, el Centro de Intervención Conductual para Hombres de la Fiscalía del Distrito Nacional realizó una investigación, donde los resultados obtenidos evidenciaron que en la mayoría de los casos de feminicidios los victimarios poseían menor formación académica que sus víctimas.

Comerciantes, choferes y policías, los más agresivos.  El citado estudio, avalado por las Naciones Unidas, establece un  perfil del hombre agresor y cita a los comerciantes, choferes y policías como los sectores de la población más propensos a cometer feminicidios.

Además, el estudio revela que en gran parte de los casos los hombres tenían un mayor nivel de ingreso económico, así como acceso a armas letales.

Una de las conclusiones más importantes de esta investigación es que de los 59 casos analizados, un gran porcentaje dijo no haber recibido ninguna orientación o información respecto al tema.

Los hombres agresores son machistas. Según la psicóloga Soraya Lara de Mármol, presidenta del Patronato de Ayuda a Casos de Mujeres Maltratadas (PACAM), el hombre agresor es machista con distorsiones cognitivas, por lo que cree ser dueño absoluto de su compañera.

Además, muestra conductas de control y posesividad y utiliza a la mujer para su propio beneficio como si fuera un objeto que puede manipular a su antojo.

Destaca que los maltratadores son hombres perversos, narcisistas y saben cómo esconderse y escudarse en su falsa imagen con el fin de conquistar a la futura víctima.

Indica que en estos casos la mujer no puede detectar la violencia fácilmente. “La víctima queda como encantada con la personalidad del agresor”, explica.

No obstante, aclara que detrás del agresor se esconde un hombre inseguro, dependiente y con baja autoestima.

El perfil de las víctimas. La mujer víctima de violencia presenta condiciones específicas, al igual que el hombre agresor. Regularmente, es una mujer con baja autoestima y en muchos casos con una fuerte dependencia emocional o económica de su compañero, aunque puede haber excepciones.

El agresor, definido como un hombre inseguro e inestable por Lara de Mármol, en primer momento lacera el autoestima de la mujer para dejarla desarmada a nivel interior y así convertirla en víctima.

Ésta suele jugar un papel de víctima y en muchos casos las primeras agresiones que recibe son psicológicas. Con esta premisa se puede determinar que el círculo de la violencia no es algo que se instala de un día para otro, sino que es una escalada que comienza con poca intensidad y se va agravando con el tiempo.

Según advierte Lara de Mármol, la violencia psicológica impregna miedo en el sistema emocional de la víctima, crea una sensación de locura que la lleva a dudar y hasta a convencerse de que provoca las ofensas que recibe por parte de su victimario.

Lara puntualiza que, en estos casos, la mujer no puede detectar la violencia fácilmente. Enunciados como “tú no sirves para nada”, al no recibir lo requerido en el momento o restar valor a los aportes de la mujer en la casa, son algunas de las situaciones que comúnmente suceden y no se identifican como violencia, y sí lo son.

Visto esto, creo que a todas y a todos nos corresponde cuidarnos y estar alertas ante estos rasgos, porque si bien es cierto que no se puede generalizar también es cierto que a veces no existen las coincidencias.

EL ZOOM

Agresor/víctima

Una característica es común entre ambos patrones conductuales y marca a ambos actores de este mal social: lo aprendido. Si se revisa el árbol genealógico de ambos individuos hay aspectos que resaltarán como la procedencia familiar, el tipo de relación familiar y la exposición a situaciones de violencia a temprana edad, así como la asimilación de esa conducta como normal y válida.


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