Los que defienden la corrupción

Cuando salió a la luz pública en esta misma columna, nuestro artículo titulado: El escándalo del nuevo capitalismo”, algunos lectores amigos me observaron que había olvidado, tal vez expresamente, incluir entre las modalidades del nuevo capitalismo, la corrupción, tan común en nuestro medio, no sólo en el sector público, sino también en el privado, la cual es utilizada como medio para engrosar riquezas no muy claras, que digamos.
Muchos entendidos en la materia, señalan que la corrupción administrativa o política se desarrolla en todos los países, en todos los gobiernos y en todos los sectores que generan la producción, es decir que la enfermedad, llamémosla así, se genera tanto en las dictaduras como en las más modernas democracias. En ambos casos aparece en cualquier momento la fruta podrida que contagia a toda la sociedad, sin embargo, en las democracias, a veces este virus aparece a la luz pública y son sancionados los culpables, es como dice el refrán “quien las hace las paga”, por lo menos con la sanción moral, es rechazo y el repudio de la ciudadanía, pero existe una corrupción, la sumergida, la que aparentemente no se ve, la que se ignora por conveniencia y que tiene vehementes defensores en todos los estrados que se benefician de ella. Esta es la peor corrupción, porque es difícil de sancionar y extirpar.
Cuando nos iniciamos en la vida democrática, después del 30 de Mayo de 1961, la palabra corrupción hizo su aparición en el quehacer político, se confiscaron empresas y personeros de la tiranía, era que al parecer nuestras narices no percibían el tufo de la descomposición de la sociedad durante todos esos años de la negra noche trujillista, porque además, estábamos obligados a mantener las bocas cerradas y de momento, una impaciencia, poco usual de la época, con caracteres de obsesión, nos lanzo a descubrir las frutas podridas.


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