Los sonidos sanan

Djembe drums and caxixi shakers

“Las colinas están y estuvieron vivas con el sonido de la música”.

Julie Andrews

Tanto los maestros de la mística ancestral como los físicos están de acuerdo en que todo está en un estado de vibración, desde los electrones que se mueven alrededor del núcleo de un átomo hasta los planetas en las diferentes galaxias. Todo es vibración. Todo lo que vibra está haciendo un sonido.

El cuerpo humano es una una orquesta extraordinaria. Cada órgano, cada hueso, cada tejido, cada parte de nuestro cuerpo está vibrando. Cuando el estado del cuerpo es armónico su funcionamiento es como una sinfonía, en la que cada parte toca afinadamente.

Cada vez que por alguna razón alguien no está en su lugar, es como si un músico perdiese su partitura. Entonces, comienza a tocar de forma discordante la nota incorrecta. Cuando una parte del cuerpo vibra fuera de sintonía, se traduce en el malestar físico, emocional o mental, al que llamamos enfermedad.

En las diferentes culturas, la conexión con el origen se establece a través del sonido. En el génesis dice: “En el principio era el Verbo”. Los científicos demuestran que el sonido puede modificar la estructura molecular y crear nuevas formas. El innovador trabajo de sanar con los sonidos entra dentro del campo de la medicina vibracional.

El efecto de los sonidos en nuestras emociones es indudable. El cineasta estadounidense George Lucas, creador de las sagas fílmicas de Star Wars e Indiana Jones dijo: “El sonido es el cincuenta por ciento en una escena de acción en una película”.

Desde la adolescencia he sido una apasionada de la música en vivo. Luego, me incliné por la percusión. Mi amigo Guarionex Aquino nutrió y motivó el amor por el djembé y el bongó. Desde hace casi un año, en Mezcla nos reunimos cada lunes por la noche a crear experiencias sonoras. Cada encuentro nos permite una mayor comprensión del poder que tiene el sonido para sanar y transformar, para cambiar nuestras vidas.

Alfred Tomatis, médico francés especializado en el estudio del oído humano, cree que hay dos tipos de sonidos: los que fatigan al oyente y los que lo cargan de energía. Tomatis descubrió que los sonidos que contienen armónicos de alta frecuencia, como los cantos gregorianos, son extremadamente beneficiosos porque cargan de energía al sistema nervioso central y a la corteza cerebral.

En una ocasión, los guías espirituales de un monasterio benedictino fueron a ver a Tomatis para pedirle ayuda. Tras el Concilio Vaticano II, el nuevo abad del monasterio creyó que las seis u ocho horas de canto de los monjes no servían a ningún propósito útil y cesó el canto. Al poco tiempo, los monjes estaban cansados y deprimidos. Varios médicos intentaron sanarlos sin éxito.

Los cantos gregorianos contienen todas las frecuencias del espectro de la voz, de 70 a 9,000 ciclos por segundo. Tomatis conectó la suspensión de la práctica diaria de cantos, con la pérdida de energía de los monjes. Restablecido el canto, los religiosos pudieron reanudar su riguroso horario de trabajo y oración, en jornadas de veinte horas.

Para Tomatis, un aspecto importante de los efectos terapéuticos de los armónicos vocales se basa en la transmisión del sonido por los huesos, que se estimulan con una resonancia de alrededor de 2,000 Hz (ciclos por segundo). Según él, el sonido producido no está en la boca ni en el cuerpo sino en los huesos, que son los que cantan.

He vivenciado el poder sanador de los cantos cistercienses, en el monasterio Santa María del evangelio, en Jarabacoa. Siguiendo la tradición monástica, el padre José Luis y un grupo de hermanos comparten su devoción y amor, en una agradable hospedería en la que los visitantes pueden experimentar la oración, el silencio, la contemplación y las hermosas misas cantadas. Para mí, las voces de los monjes cistercienses tiene un profundo sentido de reparación para las almas cansadas de la cotidianidad.

El sonido tiene la capacidad de modificar, cambiar y transferir formas. Según Ilya Prigogine, un físico belga de origen ruso galardonado con el Premio Nobel de Química, existen diferentes vías de interrogar al Universo en que vivimos y el sonido es una de ellas.

El trabajo de Masaru Emoto, el científico japonés que fotografió el agua bajo diferentes condiciones, muestra el efecto sanador de los sonidos. El investigador sacó agua del río Fuji en Japón, que por su alto nivel de contaminación tenía el aspecto de barro, y después llamó a un monje japonés para que cantase sobre ella el Buddhist Heart Sutra.

El Dr. Emoto congeló el agua antes y después del canto y grabó un vídeo bajo un microscopio de campo oscuro. El agua que recibió el sonido intencionalmente vocalizado formó figuras hermosas similares a las de un copo de nieve blanco. En cambio, el agua sin canto mostró moléculas caóticas y deformes.

¿Qué parte de nuestro cuerpo está compuesto de agua?, ¿Qué cantidad de agua contiene el planeta Tierra? El sonido nos enferma o nos sana. La intención, es la energía que se crea detrás del sonido. Cada lunes, lo único que hacemos en el círculo de tambores es declarar buenas intenciones. Luego las recogemos todas en un gran propósito.

La intención es la conciencia que tenemos del sonido que se está creando. Por ejemplo, si mi intención es el amor las personas recibirán la energía del amor en el sonido que estoy haciendo.

Particularmente, he experimentado maravillosas y sutiles sanaciones por vía de estas reuniones sonoras. El autor, músico y maestro estadounidense en los campos de armónicos y sanación sonora Jonathan Goldman tiene una fórmula que explica lo que ocurre: frecuencia + intención = sanación.