Lucha antidroga y extorsión vil

Hubo épocas en que la imputación de profesar la ideología comunista era el arma de chantaje usada por las autoridades contra jóvenes con inquietudes sociales. Era el recurso de la falacia puesto al servicio de la represión política. Tras el desplome de la Unión Soviética, el comunismo fue a parar al rincón del olvido y dejó de servir como instrumento de perversidad y abuso. Pero la práctica no murió, simplemente cambió de recurso. Entonces vino la acusación de posesión de drogas como ariete para la extorsión, igualmente perversa.
El caso del activista social de Moca, Juan Comprés, ilustra cómo la autoridad, valiéndose de una falaz imputación de posesión de drogas, pretende desacreditar y sacar de circulación a gente que profesa criterios que fustigan ideas o prácticas del gobierno de turno. El blanco, a través de la trama contra Comprés, era el movimiento que promueve la marcha verde y exige el cese de la impunidad y la corrupción. Son nuevos los actores, pero la práctica es vieja.
Casa Abierta, una institución respetable por su trabajo contra la adicción a las drogas, confirma que recibe frecuentes denuncias de que miembros de la Policía y la DNCD colocan drogas a jóvenes para exigirles dinero por su libertad. Los que no pagan, cargan con una imputación basada en falsedad y eventualmente una condena. ¿Quién se fía de una autoridad falaz?

Insensibilidad de alto rango 

Ana Francisca Espinosa es víctima de un acto de barbarie. Aunque tiene en su favor una sentencia del Tribunal Constitucional que ordena al Ministerio de Defensa que le pague el equivalente a 17 años de pensión que le debe por su condición de viuda de un militar, no ha logrado cobrar esa prestación económica. Bajo argumento de que no tiene recursos para acogerse a la sentencia, el organismo militar elevó un recurso de inejecución del fallo, y el pago ha quedado en suspenso.
En virtud del desacato, la señora, con muchas necesidades que cubrir, ha pedido la intervención del Presidente de la República, comandante en jefe de los institutos castrenses. ¿Cómo asimilar que semejante insensibilidad esté ocurriendo en rangos tan altos? ¿Es esa la suerte que espera a otras esposas de militares que lleguen a la viudez?


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