Machicidio

Hace algún tiempo lo planteé y no me tomaron en serio, pero ahora, no por necedad, sino por necesidad, debemos retomar el tema porque coincido con los que ven los feminicidios en nuestro país como una verdadera epidemia y lo correcto no es necesariamente lo adecuado, pues revivir los valores y la gestión armónica dentro de la familia, reciprocando el respeto madre-padre-hijos, implicaría reconstruir décadas de deformación social con lo cual más de una generación ha contribuido o lo ha tolerado. En otras palabras, lamentablemente los correctivos deben actuar como medicina curativa porque la preventiva fracasó.
Propuse seriamente que las mujeres abusadas, maltratadas o amenazadas por sus maridos, amantes o patrones verdugos, se les entrene en defensa personal y se les facilitara el ingreso a las instituciones armadas y/o la policía nacional, previa comprobación judicial y con testimonios de cada caso, para que los potenciales feminicidas entiendan que podrían recibir su merecido de las propias manos y habilidades de sus compañeras anteriormente vejadas y pensarían dos veces al planificar una agresión por temor a un machicidio; sí, así como suena, porque quien se atreve a golpear o matar a una mujer generalmente lo hace porque, más que hombre, se considera “macho dominante”, amo y señor de la “hembra” cuyo cuerpo, en especial sus genitales, son de su propiedad por obra y gracia de una orden divina que establece el predominio del varón sobre la hembra.
Cuando es denunciado, la ignorancia y la soberbia habitualmente incrementan la agresividad del abusador, pero las mujeres entrenadas y decididas a defenderse, persuaden más efectivamente que charlas u orientaciones educativas psicológicas a quienes están obsesionados con ellas en calidad de machos frustrados.


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