Maestra Rosa Tavárez Premio Nacional de Artes Visuales 2017

16_12_2017 HOY_SABADO_161217_ ¡Vivir!1 C

Honor a quien honor merece. Tratándose de Rosa Tavárez, debemos decir “honores a quien honores merece”.
El Premio Nacional de Artes Visuales es el último y máximo reconocimiento otorgado por el Ministerio de Cultura, que se le ha conferido, luego de 25 distinciones y galardones recibidos en cinco décadas de entrega al arte como creadora y profesora sobresaliente, con más de veinte exposiciones individuales y un sinnúmero de colectivas, nacionales e internacionales.
Pero antes de referirnos a aspectos sobresalientes de la brillante carrera profesional de Rosa Tavárez, se impone comunicar una noticia y motivo de satisfacción singular.
Alta distinción internacional. Hace algunos días nos llegó un mensaje de la gestora cultural, curadora y artista española Mónica Sarmiento, a quien se había anunciado el Premio Nacional otorgado a Rosa Tavárez.
Ella expresa: “Creo que ahora su emoción será mayor al saber que la colección de las obras gráficas y el libro del Bicentenario (del Tribunal Supremo del Reino de España) pasan a formar parte de la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Nos han aceptado.(…).”
Una obra gráfica de Rosa Tavárez ingresa, pues, al famoso MoMa, sueño de todos los artistas, además de formar parte de la colección de arte de la Casa Real de España, ¡otro alto honor y primicia!
En pocas palabras, recordaremos que Rosa Tavárez fue, en 2012, uno de los 24 artistas magistrales invitados –uno por país–, oriundos de España, Portugal y el continente americano: ellos entregarían una pintura y, en base a esta, se realizarían grabados originales.
La convocatoria, históricamente motivada por el Bicentenario del Tribunal Supremo y de la primera Constitución española –popularmente llamada la Pepa–, pedía que los artista trataran el concepto de justicia.
Recomendamos a Rosa, pintora y grabadora, inmediatamente acogida. Si no la pudimos acompañar por dramáticas razones familiares, nos regocijó el éxito rotundo de la representante dominicana y de su trabajo, entre sus pares iberoamericanos del arte y de la crítica.
No solamente consideramos maravilloso que un aniversario oficial de tanta magnitud se celebrase con una muestra de arte, sino más impresiona aun que la categoría del grabado, desgraciadamente incomprendido aquí por públicos, coleccionistas e instituciones, haya sido la elegida para una fecha cimera.
Una grabadista excepcional. Este episodio memorable por cierto corresponde a la brillantez de Rosa Tavárez como talento estelar de la gráfica y la más importante investigadora en esta disciplina. Ella llevó el grabado a niveles inigualados en el ámbito dominicano, experta no solamente en litografía, sino en múltiples procesos y técnicas, que estudió, dominó, perfeccionó, así xilografía, intaglio, aguafuerte, agua-tinta, colografía, experimentos mixtos, o sea, una diversidad increíble.
Ya en 1975, Fernando Peña Defilló –escribiendo entonces crítica de arte– subrayaba “su espíritu de búsqueda que nos enfrentaba a la utilización de diversos lenguajes”. Y, más adelante, Danilo de los Santos situaba ese “alarde” no como “una actitud de ensayo, sino una experiencia madura con los años, y visible en la pulcritud de cada manejo”, a la vez “propuesta visual” y “asunto único”.
Ahora bien, en la década del 80, la desventura dominicana del grabado obligó a Rosa Tavárez –académica sobresaliente desde la Escuela de Bellas Artes en dibujo y pintura, con extensos postgrados en Estados Unidos–, a apartarse parcialmente de la gráfica y a trabajar cada vez más en su obra pictórica. Sin embargo, mantuvo ese fervor y compromiso admirable, hasta fundar en los albores del tercer milenio, la Casa del Grabado, dedicada tanto a su investigación como a su rescate.
Paso a la pintura. Rosa Tavárez todo lo hace con pasión. Así, ella se volcó hacia la pintura, le comunicó su entusiasmo y sabio oficio. Culminación de esta valiente dualidad fue la magna exposición en el Museo de Arte Moderno que causó asombro: Rosa pintora se imponía tanto como Rosa grabadora, ambas compartían los espacios. La artista, de naturaleza arrebatadora –lo dijo Jeannette Miller–, desafiaba la excelencia en otro medio.
En sus inicios, Rosa Tavárez dibujó y pintó los ámbitos rurales, su gente, sus frutos… No obstante, muchos se habían olvidado, y –¡anécdota¡–, hubo que cambiar la imagen de la invitación virtual a esta premiación: ¡no reconocían en el cuadro a la expresionista de hoy, se había olvidado su estilo realista y temática vernácula!
Es que la pintora, por dramático y efusivo que sea su lirismo pictórico, tiene siempre presente la vida y el cuerpo. En esta impronta emocional, subyacen líneas y formas, que, a la segunda mirada, imponen su vigencia… Luego, el color arde: nos atreveríamos a afirmar metafóricamente que Rosa Tavárez casi “sangra” en sus rojos, en su dimensión orgánica. La pintura, a la vez estructurada e irradiante, se vuelve explosiva y no vacila en guiñar un ojo –una pincelada– al informalismo, fortaleciendo un estremecimiento incontenible…
No tenemos que hablar de las turbulencias del pigmento, de las modulaciones sucesivas de la capa pictórica, de repentinos efectos de transparencia. Es que nadie como un experto del grabado puede manejar las superficies según variaciones ilimitadas.
En fin, la pintura de Rosa hace coexistir lo bello, lo feo, lo refinado, lo crudo, lo rebelde casi siempre.

El magisterio. Un factor de la premiación ha sido que Rosa Tavárez se distingue también por el magisterio, por su enseñanza pluridisciplinaria durante décadas en las escuelas de Bellas Artes, públicas esencialmente, sin que falten máximas instituciones privadas. Tal vez más impresiona que ella no haya impartido clases solamente en Santo Domingo, sino, paulatinamente, en varios centros docentes del territorio nacional: Baní, San Francisco de Macorís, Santiago.
Y, como directora de la Escuela Nacional de Bellas Artes, ella ha asumido ejemplarmente sus responsabilidades, con mano de hierro y guante de terciopelo –según un famoso adagio–. Así mismo, ella supo encabezar el difícil Colegio Dominicano de Artistas Plásticos. No creemos que nadie se haya adueñado en el campo de las artes plásticas y gráficas, de un mayor caudal de actividades, personales y altruistas.
Celebremos a Rosa Tavárez, la generosa, la apasionada, la alegre, la vehemente, la militante, la cariñosa… y la ganadora del Premio Nacional de Artes Visuales 2017.