Magistral dirección de NEAL GITTLEMAN

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El cuarto concierto de la Temporada Sinfónica traía varios atractivos, la presentación por primera vez en el país del director norteamericano Neal Gittleman, la actuación de dos solistas, pertenecientes a nuestra Sinfónica: Milena Zivkovic –cellista– y Velibor Veljkovic –contrabajista– y un atractivo especial, la música de Leonard Bernstein.
Inspirado en la novela o cuento filosófico “Candide o el Optimismo” de Francois Marie Arouet, conocido como Voltaire, el compositor norteamericano Leonard Bernstein crea su comedia musical “Candide”, estrenada en Broadway en 1956; con la Obertura de esta obra dio inicio el cuarto concierto de la Temporada Sinfónica.

La hermosa melodía de este “Allegro Molto con brio”, infunde el optimismo del personaje satírico de Voltaire, “Cándido” –en castellano– y por un momento creemos, como él, siendo muy cándidos, que “nuestro mundo es el mejor de todos los mundos posibles”. Entonces, en alas de la música, lo acompañamos a iniciar su viaje fascinante. La brillante orquestación, su espectacular colorido, posibilita el lucimiento de las distintas secciones orquestales, perfectamente cohesionadas por el director Neal Gittleman.
El concierto continuó con “Fantasía sobre temas de Rossini” para violoncello, contrabajo y orquesta, de Giovanni Bottesini. No han sido habituales en nuestro medio los conciertos para contrabajo, por lo que las expectativas eran muchas.

Ciertamente Bottesini, un gran contrabajista de su época, llamado “El Paganini del Contrabajo”, con su música colorista llevó a que el contrabajo fuera considerado un instrumento solista, más allá del simple acompañamiento.

En esta fantasía de dialogante interpretación, el contrabajo impregnado de notas delicadas de gran dramatismo, junto al violoncello, recrean una atmósfera cálida, cuyos sonidos graves hacen más profundo el motivo musical; en “La Danza” y más aun en el “Andante” de “La Serenata” de aire melancólico, el dúo logra esos sonidos entrañables que exigen el máximo al contrabajista; Velibor Veljkovic protagonista de la pieza, muestra en su interpretación, pletórica de matices, el dominio absoluto sobre su instrumento, y de igual manera, Milena Zivjkovic, notable cellista.

La dirección de Gittleman balanceada, consigue armonizar los diálogos de los solistas con la orquesta. Los aplausos prolongados que tributó el público puesto de pié, fue un reconocimiento al virtuosismo de los solistas, a la calidad de la música expuesta por la orquesta, y al excepcional director.
La noche musical cerró de manera espectacular con “Danzas sinfónicas de West Side Story”, de Leonard Bernstein.
Considerado uno de los grandes compositores del género denominado “comedia musical” o simplemente “Musicales”, “West Side Story” es posiblemente su obra más conocida, llamada en Latinoamérica “Amor sin barreras”. Su argumento, aunque inspirado en la obra “Romeo y Julieta” de Shakespeare, es una historia contemporánea de disputas raciales, choques de cultura, inmigración y violencia.

Bernstein realizó una versión para concierto con los números de baile del musical, organizándolos en la suite “Danzas sinfónicas de West Side Story”, que aunque de carácter narrativo, son independientes de la línea argumental. Con cada una de las entrañables melodías nos abstraemos y recreamos en nuestra mente las escenas del maravilloso musical.
Diez piezas componen la suite. “El prólogo” presenta la violencia entre las bandas rivales. “Somewhere” es el sueño de los protagonistas, exquisito e introspectivo instante de la suite. El “Scherzo” es un momento de transición, la cohesión orquestal es fundamental.
Los ritmos latinos, mambo y cha-cha-chá, enervan la platea, destaca el viento metal y madera con sutiles intervenciones del arpa –André Tarantiles–. La tensión vuelve con El “Cool Fugue”, la batería, el saxo alto y la sección de viento metal convierten la orquesta en una “big band” de jazz.
El “Rumble” tiene un toque trágico, es la pelea final, la flauta, en un magnífico solo –Alaima González–, presagia la muerte, para desembocar en el triste “Adagio” final de la suite, con reminiscencias de las canciones “I Have a Love” y “Somewhere”.

La música genial de Bernstein es una mezcla de estilos con manifestaciones de jazz, ritmos latinos y bellas canciones de amor; el énfasis en los metales y la percusión logran seducir al público, posiblemente acorde con el compositor que decía “For me every music is serious”–Para mí toda la música es seria–.