Manifestaciones clínicas y diagnóstico

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La presentación clínica va a depender de si estamos frente a una infección aguda o crónica. La infección aguda casi nunca se ve en la práctica clínica, pues suele ser asintomática.
Generalmente los síntomas pueden incluir fatiga, náuseas, dolor abdominal, anorexia, febrícula, prurito y mialgias. En ocasiones puede presentarse ictericia, que es regularmente el signo físico que despierta la sospecha de enfermedad hepática. La sintomatología es más evidente en pacientes consumidores de grandes cantidades de alcohol.
En la infección crónica los síntomas dependen de la etapa en que se encuentre y las complicaciones derivadas de ella. Al principio la enfermedad cursa asintomática, y a partir de la fibrosis pueden aparecer síntomas inespecíficos (fatiga, depresión, pérdida de peso leve, anorexia y -menos frecuentemente- artralgias, mialgias o dificultad para concentrarse). Cuando progresa a cirrosis hepática, la presentación clínica será consecuencia de las complicaciones, que incluyen:
1. Síndorme hepatorrenal, que afecta la función de los riñones,
2. Vàrices esofágicas, que pueden romper y provocar sangrado gastrointestinal,
3. Encefalopatía hepática, que se manifiesta por una serie de trastornos neurológicos y psiquiátricos; entre otras.

El diagnóstico se hace solo mediante pruebas serológicas. Para determinar la etapa de la enfermedad se requiere una biopsia hepática en donde se determina el grado de fibrosis y/o cirrosis del hígado. Actualmente existen pruebas no invasivas capaces de traducir el daño hepático sin someterse a los riesgos de la biopsia, tal es el caso de la elastografia de transición (FibroScan®), disponible en la República Dominicana.